En cuanto se la enseña, Bennett se inclina un poco, con curiosidad y ojos brillantes.
—¡Qué chula! Bueno, pero tampoco mucho más, y sería cuestión de acostumbrarme. Como me pasó con la mía al principio.
¡Ah! Soy Bennett, es verdad, no me he presentado. ¡Perdón!—
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— Lo es.
Se aleja un poco para que la vea mejor, sonriendo leve. Aparta el paño incluso, pero sin dejar de sujetarla.
— Por tu altura diría que te quedaría un poco larga...
—Pasa muchas horas en la taberna, señor.
Sonrisa y pecho inflado, siguiendo al contrario a su lado.
—Pero sí, cuando es de noche, Mondstadt parece incluso otra ciudad de lo calmada que está.
—Deja escapar una sonora carcajada al percibir el entusiasmo del más joven, instándole con la diestra a que comienza a caminar detrás de él.—
Es curioso el silencio que invade Mondstadt a estas horas, ¿no? Eso sí, sólo cuando te alejas de la taberna.
espacios entre palabras. Por ende, habla rapidísimo.
—No lo sé. —Dice, de pronto, su habla tornándose más calma.— Por eso he venido. He crecido en Mondstadt, pero no soy de ahí, ¿sabes? Me rescataron de pequeño.
—Lo sé, lo sé. De hecho, es la primera vez que viajo tan lejos. Siempre me he mantenido por Mondstadt, y salí una vez a Liyue y otra a Inazuma- Pero nada más. Aunque llevo mucho tiempo queriendo venir a Natlan.
Explica con emoción, y puede que esta hace que se coma los >
«Qué muchacho tan noble», pensó, viéndole de refilón con una sonrisa.
—¿De aventuras? Natlan no queda precisamente cerca de Mondstadt, eh... Como destino de aventuras es una elección bastante atrevida, pero no seré yo quien te diga que no es la mejor, jaja. ¿Tienes ›
—¿Cerezo sagrado?
Va a estirar la mano hacia atrás, alcanzando su mochila, y sacando un libro; su libro de aventuras. Pasa página, pasa página, pasa página... ¡Ahí!
—¡Ah! ¡El cerezo sagrado! No, no lo he visto todavía. Está cerca de la ciudad principal, ¿verdad? Iba ahí.
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índice reposa en su mentón, asintiendo de forma lenta y pausada. sus ojos entrecierra en una mueca que parecía mostrar traviesa.
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──── así es, soy la sacerdotisa del templo donde yace el cerezo sagrado. ¿lo has visitado ya?
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Le brillan los ojos a más no poder. Aunque los cierra momentáneamente cuando le revuelve el pelo, pero pronto los vuelve a abrir.
—¡Será todo un honor!
/ dw! Iban a buscar un sitio como escondido y bonito en Mondstadt para que la niña encuentre inspiración porque si no tiene estímulos 24/7 se me aburre
—¿Ah? Ah, no, no. No estoy perdido ni busco a ningún guardia. Bueno... perdido un poco.
Se rasca la nuca, toda la fachada de chavalín chulo —aunque era casi nula— desapareciendo.
—Pero... ¿eres de Inazuma?
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por sobre el hombre, la rosada mira al más bajito. su índice posiciona en su mentón y dudosa voltea.
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──── no soy guardia de inazuma. no ayudo niñitos perdidos, cariño.
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No hay problema, Bennett no tiene prejuicios. De hecho, eso a veces es incluso un problema. No obstante, ahora se acerca un poco más, tanteando terreno.
—¿Es tu espada?
Pregunta, por si no fuera obvio por cómo la está limpiando y puliendo.
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No es como si no notase la mirada del contrario sobre él, pero realmente no le molesta mientras pule y limpia su espada. Sólo desliza la vista sobre él cuando le habla, alzando la cabeza.
— Hola, chico.
Termina por volver todo su cuerpo, encarándole. (+)
Claro, ella no sabe nada. Fuera de Mondstadt nadie sabe de la mala suerte que tenía y, en consecuencia, tenían todos los que le rodeaban.
—¡No, no! ¡No es por eso!
Se apresura a mover las manos, negando con la cabeza.
—Es que tengo muy, muy mala suerte. Y los que están >
—La arquera ladea la cabeza, ¿por qué le preguntaría eso? Si no quisiera que le acompañase no se lo preguntaría, ¡evidentemente!—
¡Pues claro, Benny-kun! ¿Acaso tú no quieres o estás ocupado? P-puedo volver luego, no te quiero molestar.
En efecto: el ruido de su barriga volvió a resonar, impaciente, e incluso el mismo Bennett se mira el estómago. Se lleva las manos a este, encogiendo los hombros con vergüenza.
—Ay... Ahaha... Jo, qué vergüenza... ¡Pero qué guay!
Está intentando procesar muchas cosas. Como, >
Fuera cual fuese el motivo por el que ese nombre le sonaba a Bennett, seguro que no lo hacía más que el ruido de su barriga, y eso le arrancó una carcajada al ex Arconte Pyro.
—En carne y hueso, jajaja. No te asustes, no soy ningún impostor ni un muerto viviente... Bueno, ›
por ejemplo, que el ex Arconte Pyro le esté diciendo de ir a comer con él. ¿Quién lo iba a decir? ¡Se lo contará a Razor cuando vuelva!
—¡Vale, vale!
Pronto corretea hasta ponerse a su lado, y a pesar de que va a su lado, no deja de mirarle con admiración.
—¡Estoy de >