@Gordosincarrera@MONYRODRIGUEZOF ¿Es lástima o lastima?
Porque da lástima un ser humano miserable y patético como tú..
O
Te lastima la verga que te meten cada noche.
Decídete
Lo más ha impresionado en Colombia es que haya dicho que al día siguiente de ser elegido declarará objetivo militar a los de izquierda y, textualmente, "los destripará".
La rebelión del bazar: Cómo Cepeda puede tumbar la catedral de silicona de Abelardo y ganar
Esta es una pelea callejera de la comunicación. Aquí, quien domina la narrativa, domina la realidad.
El poder está muy mal distribuido, muchas voces justas se pierden entre el ruido. Opacadas por la bulla que produce el Establecimiento con sus grandes medios o entre las guerras culturales en las redes sociales.
Estas son las calles donde se juegan las campañas políticas de hoy. Aquí se producen enfrentamientos que tienen enormes consecuencias.
Entrenamiento: la catedral y el bazar
Hablemos de cómo se diseñaron las campañas para ir al bonche. En 1997, Eric S. Raymond publicó un ensayo llamado “La catedral y el bazar” para explicar los dos principios distintos que existen para construir software. Ese modelo nos ayudará a entender las diferencias de diseño comunicativo entre las campañas presidenciales.
Funciona así. La catedral es el modelo jerárquico. Un diseño con planos, concebido de arriba hacia abajo. Organizado, vertical, con un solo dueño. Es el modelo de las corporaciones de software.
El bazar es el software de código abierto. Acá hay un grupo heterogéneo de aportantes. Es un modelo caótico, horizontal, ruidoso. La gente entra, mete la mano, ajusta, crea y se apropia del proyecto. Por lo general hay un líder, el anfitrión del bazar, que le da cierta guía y estructura al caos.
Llevemos esto a la pelea política colombiana de hoy. La campaña de Abelardo es una catedral. Un búnker hermético donde un puñado de consultores tiran la línea. Cero espontaneidad, puro cálculo. Y en este caso, cero creatividad. Los planos los juntaron robando elementos de campañas exitosas de la extrema derecha: el tigre es copia del león de Milei, la barba perfilada es de Bukele, usar la camiseta de la selección es idea de Bolsonaro, la diarrea verbal agresiva es el sello de Trump.
De cara a la gente diseñaron una pirámide como la de DMG. Sistema de referidos con recompensas por llevar más referidos. Automatizaciones de WhatsApp.
Microsegmentación sofisticada para que cada cual vea y escuche lo que quiere ver y escuchar, así una cosa se contradiga con la otra, no importa. A los viejos vulnerables se les dice que aumentarán la cobertura del SISBEN, a los jóvenes urbanos que reducirán el estado en un 40%. Una campaña sofisticada, de big data, sintética, de IA. Un producto de silicona, como el mismo candidato. Es marketing de manipulaciones: los premios, los bonos, las recompensas que pretenden aliviar los dolores más básicos, pero son espejismos. La causa central es lo de menos.
¿Y la campaña de Cepeda? Empieza intentando ser una catedral, pero los planos son los de una capillita y no se dan cuenta. Hechos con pereza, con la arrogancia de quien se cree ganador. Quizás ni siquiera diseñaron ningún plano, los encontraron en el cajón de campañas de izquierdas de los años 70, los desempolvaron y así salieron a la calle a darse en la jeta con la catedral tipo Death Star. Muchos se dieron cuenta de esto. Tocaron angustiados las puertas de la campaña para ayudar, para construir algo más competitivo. Pero como se juraban la catedral más pura de la galaxia, no abrieron ninguna puerta.
Primer round: Death Star contra cauchera
La comunicación de Abelardo refleja muy bien su causa, pero esa causa no es un propósito real, es un estado de ánimo que apela a la venganza. Como es una causa ligera, necesita de las manipulaciones para sostenerse. Es la ligereza de la crueldad, la crueldad de la ligereza. Su visión de país es la patria milagro, es decir, una fantasía, un fervor místico.
Y así le empieza a dar en la jeta a Cepeda. Lo insulta, lo ataca con las garras del therian de IA, se defiende simbólicamente dentro de su pecera blindada. El público ve la sangre del representante de “la plaga de la izquierda” y en medio de fuegos pirotécnicos se produce una euforia colectiva.
La comunicación de Cepeda no entra en el juego. Cepeda ni ataca, ni se defiende. Solo se deja dar y en la calle eso se nota. Confía en que su proyecto político de desarrollo con justicia social es suficientemente convincente por sí mismo.
Mientras tanto, la manipulación estridente de silicona ha sabido mover las emociones. Es una campaña de peluquín, pero letal.
A esa manipulación no se le gana fácil con otra manipulación inversa. Menos, si tiene tanto dinero y al Establecimiento de su lado, como la de Abelardo. La campaña de Cepeda se mantiene fiel a su ethos y en eso acierta, pero se olvida de que está peleando con una cauchera comunicativa contra la Death Star. Mientras la campaña de Cepeda se mantiene pura, cerrada, gris, aburrida y con tufo a sectarismo. La del Abelardo juega con técnica, táctica, estrategia, alegría violenta y distribuye videos a miles de grupos de WhatsApp.
Domingo de primera vuelta. Suena la campana. Fin del round. Lo gana, por supuesto, la campaña de Abelardo. 43,78% a 40,98%.
Intervalo: Cepeda se limpia las heridas
Ya sabemos cómo ganó la campaña de Abelardo. Vamos a los camerinos de los perdedores, donde están sanando sus heridas. Están sacudidos, desconcertados.
El error más grave de la campaña de Cepeda fue no pensar como Mamdani, el nuevo alcalde de Nueva York. Creer que entrar de lleno a jugar en la arena de la comunicación digital era traicionar la esencia del candidato, dejar de ser auténticos, entrar en el juego de la manipulación.
Pero es todo lo contrario. La esencia de una causa se puede materializar en la comunicación, y la comunicación la pone a prueba y puede servir para aclarar, fortalecer, definir el por qué de un candidato y vencer las manipulaciones del rival. Mamdani ganó así.
La campaña de Cepeda está a tiempo para entender esto y dejar de ignorar lo digital, el arte audiovisual y las audiencias de las ciudades.
¿Y qué deciden para salir de nuevo a la pelea? ¡Copiarse de la imagen de Mamdani!
Dios santo bendito. ¡Así no era! Era pensar como Mamdani las campañas digitales, no copiar su estética.
Pero bueno, algo es algo. Al menos ya hay colores en la campaña, ya no es gris.
Round 2. Se cae la capillita y nace el bazar
La campaña de la ultraderecha se siente y se ve ganadora. La euforia de sus seguidores aumenta sin techo aparente.
La capillita de la izquierda que se creía catedral se empieza a derrumbar. Y esto es lo mejor que le podía pasar. La verdadera campaña de Cepeda ya no es de Cepeda, es de la gente. Se meten por las ventanas, tumban a patadas esa capillita. ¿Recuerdan el modelo del bazar? Pues nace uno. El bazar es mejor que la catedral para la causa de Cepeda. Porque nada refleja mejor la causa del candidato que habla de justicia social que sea la misma gente la dueña de la comunicación, la que cuente la historia en videos, textos e imágenes, como le dé la gana.
Pero el bazar necesita un anfitrión que organice, que dé sentido al caos. El carácter tímido y sosegado del candidato lo hace lento para asumir este papel que se le exige.
El bonche cambia por fin, porque una de las dos campañas se transforma: la de Cepeda. Su producción audiovisual mejora bastante, o mejor, dicho, empieza a existir. Por fin se defiende, ataca, usa el jiu-jitsu. Tira al pavimento a Abelardo varias veces. La pelea no son solo los puños y patadas que vemos en la esquina. Se trata de una disputa comunicativa que refleja dos visiones contrarias del país y dos propósitos. La democracia social de Cepeda contra el libertarismo con vigilancia autoritaria de Abelardo. La creatividad humana contra la automatización. La espontaneidad contra la manipulación.
La campaña de Abelardo vende un show equivalente a comida ultraprocesada, adictiva, made in USA, como las Zucaritas. La campaña de Cepeda empieza a asumir poco a poco que el bazar es una ventaja comunicativa. La gente monta puestos en el bazar de Cepeda con lo que tienen a la mano: creatividad.
Las dos causas no pueden reflejarse mejor en los dos estilos comunicativos.
Último round: el final no está escrito
Al momento de escribir estas líneas de esta crónica pugilística-callejera-comunicativa, la campaña de Abelardo empieza a mostrar sus costuras autoritarias. Estigmatiza a varios periodistas, ataca digitalmente a varios medios. Hackean canales de Youtube.
Estamos a pocas horas de que abran de nuevo las urnas, Cepeda ya se ve como un verdadero anfitrión del bazar popular comunicativo que se apoderó de su campaña. Llegó tarde, pero se le ve caminando entre los puestos del bazar que montó la gente, conversando con cada uno de ellos, comunicando su causa, defendiéndola de verdad, mostrando qué va a hacer para materializarla. Le da patadas voladoras al candidato de la extrema derecha mientras hace ejercicios de paciencia de monje tibetano: escucha estoico cantos de hippies, historias de k-popers, se somete a programas de humor en internet. Y por fin surge el peleador callejero. Por fin se ríe y hace reír, cuenta su historia, su gesta, lee la poesía que le escribió su papá, antes de que lo mataran, cuando era niño y logra que a muchos se les llenen de lágrimas los ojos.
La catedral de silicona ya mostró el autoritarismo. El bazar popular ya está despertando. Pero ojo: a la máquina de big data no se les gana con buenas intenciones, se les gana en las urnas. El domingo se elige entre el algoritmo del fanfarrón y la creatividad de la calle. El que se quede en casa quejándose de lo fea que es la política, que después no llore cuando le sirvan carne de burro en el almuerzo. Nos vemos en el bonche.
¿Que qué puede pasar mañana en segunda vuelta? No creo que se puedan decir muchas cosas al respecto, más allá de la saturación de información que ya tenemos a estas horas, y la avalancha que vendrá mañana.
No obstante, sí creo que hay varios puntos (más allá de los datos), que son importantes para tener en cuenta frente a lo que se viene.
1. La mayoría del voto está decidido, desde al menos hace dos semanas atrás. Los vaivenes de López, de Fajardo y de Oviedo disgregaron a una serie de votantes que al final tomó su propia postura entre Cepeda, el voto en Blanco y De La Espriella. Se sabe que esos apoyos tienen un peso más importante en lo simbólico que en el traslado efectivo de votos. Además, Colombia no es un país de disciplinas partidistas. El votante no suele casarse con identidades surgidas de la militancia o la pertenencia a un partido.
2. Como ese voto se disgregó, creo que los modelos estadísticos (que con el auge del vibecoding en IA, se han proliferado como pan caliente, algunos con poca seriedad metodológica) no tienen capacidad de captar la variación de ese voto, puesto que en muchos casos es un voto que se oculta en el llamado "voto vergonzante". Es decir, en un voto que no se hace público porque está reprimido o silenciado por las lógicas de la radicalización política que vivimos ahora mismo.
3. Sí creo, en contra de lo que algunos analistas de datos han dicho (algunos muy reputados), que el voto va a ser apretado y la diferencia va a ser corta, precisamente por la incapacidad de los trackings, las pocas encuestas y las modelaciones de captar ese voto vergonzante y volátil existente. Creo que la diferencia puede ubicarse entre los 100.000 y los 250.000 votos, pero no creo que el ganador en segunda vuelta gane con una mayoría por encima del 3%, como ha pasado en los últimos balotajes.
4. También porque creo que la ventaja que tenía De La Espriella en la primera semana se ha ido diluyendo, en parte, con los ataques hacia la prensa. Lo de Beto Coral no lo considero determinante (pero que me parece una cosa horrenda, condenable y peligrosa para la democracia) porque sí creo que existen sectores de la sociedad que anhelan de cualquier forma la anulación política de las izquierdas.
Pero, meterse con los medios de comunicación tan de frente, como lo que pasó con Cambio y lo que ha venido pasando con Daniel Coronell, sí puede hacer que un voto indeciso o que se había inclinado por De La Espriella por los temores del "neocomunismo" decida, por lo menos, virar de nuevo hacia la neutralidad o inclinarse por el candidato Cepeda. Habremos de ver si en efecto esa fuga es suficiente para que Cepeda remonte o no.
5. Petro ganó en 2022 con una diferencia amplia, por la llegada de nuevos votantes que se inclinaron por el candidato del Pacto Histórico en ese momento. Creo que también algunos modelos fallan en medir cuántos nuevos votantes pueden ingresar y qué tan determinantes van a ser, más cuando la base electoral que votó en primera vuelta el 31 de mayo ya está prácticamente repartida.
6. Seguiré diciendo que lo que está en juego en estas elecciones no es un viraje simple en el ciclo electoral colombiano, sino la dirección de la transición política de los próximos años. Si gana Cepeda, es posible que entremos en nuestra propia "marea rosa", muy tardía frente a las que tuvo Latinoamérica a inicios del siglo XXI. Si gana Abelardo De La Espriella, es claro que la regresión buscará romper el pacto social surgido del Acuerdo de Paz y volver a un estado de cosas post-2002 que ya no existe, pero que se ha vuelto el mito fundacional de las nuevas derechas en Colombia.
Esos son mis... ¿seis centavos? Mañana iré analizando lo que vaya surgiendo de la jornada.
@PauliMont Que cualquiera en esta red o en la calle diga que fue suicidio es intrascendente pero que un ministro de gobierno lo diga sin siquiera una autopsia o una investigación seria de por medio es sospechoso pero todo es por "no tener equipo de comunicación". Si, claro.
@Jcontreraspon@Vegetasuspend Seamos solidarios con la mujer del abogado de delincuentes. No permitamos que esté triste en Colombia y ayudemos a que lleve su narco culo facho a donde sí es feliz. Quiero una urna ahora mismo gran hijueputas.