Aprietame, no me sueltes la mano, agarrate a mi alma..No te vayas jamás♥Reza por mi🎵
Honro ese lugar dentro de ti, donde tu y yo somos sólo Uno💫Namaste
A las nuevas generaciones de abogados les recomiendo no perder el hábito de leer, en especial doctrina y jurisprudencia.
Recientemente me ocurrió algo curioso con dos abogados junior. Les pedí que leyeran una sola decisión de la Corte, que yo mismo les había compartido. El documento no tenía más de 30 folios y, por la reacción que tuvieron, parecía que les hubiera asignado una tarea particularmente difícil.
Me dijeron que necesitaban sacar tiempo para leerla. Al final, nunca la leyeron.
Creo que un abogado que no tenga el hábito de leer jurisprudencia difícilmente dará buenos resultados.
Pienso que los nuevos abogados deben entender que leer doctrina proporciona bases conceptuales, permite comprender con profundidad instituciones y categorías jurídicas y evita quedarse en el conocimiento superficial de conceptos que otros apenas saben que existen o se limitan a repetir.
Deben aprender que la jurisprudencia cumple una función distinta, pero complementaria. La doctrina proporciona las categorías con las que pensamos el derecho; la jurisprudencia permite observar cómo esas categorías funcionan cuando deben resolver problemas concretos.
Pero cuidado, porque leer jurisprudencia tampoco consiste únicamente en averiguar qué decidió una Corte.
Cuando lea un auto o una sentencia, preste atención a los hechos, a los argumentos de quien recurre, a las respuestas de los no recurrentes, al problema jurídico que identifica la Corte y, especialmente, al razonamiento que utiliza para llegar a una determinada conclusión.
Observe cómo reconstruye los hechos, cómo valora la prueba, cómo interpreta las normas y cómo conecta todo ello para justificar su decisión.
Créanme si les digo que ese ejercicio desarrolla habilidades que después resultan indispensables en la práctica profesional.
Leer jurisprudencia no sirve solamente para conocer precedentes. Sirve para aprender a pensar jurídicamente. Y mientras más se practica ese ejercicio, mayor es la capacidad para identificar problemas, construir argumentos, valorar críticamente una tesis y desarrollar un criterio jurídico propio.
La lectura es el entrenamiento invisible del jurista. Sin ella no hay precisión en la palabra, ni solidez en el argumento, ni profundidad en el pensamiento jurídico.
Las audiencias siempre empezarán retrasadas, salvo que sea el litigante el que va retrasado, en cuyo caso, empezará en punto de la hora señalada.
Ley de Murphy para abogados.
Las madres y el derecho.
- Constitucional. Te guste o no soy tu madre y me respetas
- Civil. Hazlo y te desheredo
- Laboral. Que yo sepa no soy tu empleada
- Penal. Una cosa es libertad y otra libertinaje
- Debido proceso: Cállate y responde.
- Apelación: llama a la abuela.
“Es mejor ser útil y provechoso que ser importante. El gran problema que atraviesa nuestra época, la presente y venidera generación es que muchos no quieren ser útiles, sino muy importantes”
Winston Churchill