....
Rascó su cabeza, quizá había sido imprudente sin querer.
Pudo haberse disculpado, pero... en su lugar se acercó para rodear sus hombros nuevamente, reanudando el abrazo.
—Entiendo.
Inconscientemente sus dedos se presionaron sobre sus hombros, liberándola para cubrir parte de su rostro con la cola.
—Demasiado directa, Ei. Demasiado directa.
Estaba acostumbrada a guardarse sus sentimientos, a maquillarlos y reírse de los del resto, >
—Tal vez es porque te has hecho ver así de inaccesible.
Sus manos buscaron los hombros ajenos, apoyándose en ellos.
—Siento no haberte felicitado antes, Ei. No lo olvidé. Felicidades.
—Querida, pensaba que tus brazos solo existían cuando era un peludo y pequeño zorro.
Se separó lo justo para poder verla.
—Me gusta saber que no es así.
Ambas sabían que el vínculo que las unía era el perfecto diccionario de unos sentimientos quebrados.
—Oh, Ei, no me interrumpas, estoy cómoda —bromeó con tal de ocultar sus palabras—, solo unos minutos más.
Ha pasado toda la vida sin ella. No puede olvidarlo, ¿cómo dejaría de pensar en esa soledad si vive con ella?
Una de sus colas se manifestó con el único fin de enredarse en el muslo ajeno, aferrándola a ella aunque sea un par de minutos.