Cada quien vive su duelo a su manera. Algunos se encierran en un cuarto para llorar, otros salen los fines de semana para reír, y algunos actúan como si nada, pero les duele como si todo. El duelo no se cuestiona, se vive, se acompaña, se respeta.
soy yo solita, pidiéndole a Dios todos los días que me ayude, que no me suelte nunca, que me de fuerzas para salir adelante y que me proteja en cada paso. Solo él conoce mi corazón.
Tuve ansiedad y estrés durante semanas y nadie lo notó. Seguí cumpliendo, ayudando, respondiendo mensajes y sonriendo aunque mi mente no paraba y mi cuerpo pedía una pausa. Me guardé el nudo en la garganta y el cansancio invisible, pero aun así traté bien a los demás. Mi interior era un caos silencioso, pero nunca lo usé para herir. A veces quienes más se rompen por dentro... son quienes más cuidan afuera.