Sería todo mucho más sencillo si no me hubieran inculcado esa historia de llegar a algún sitio. Bastaría con que me hubieran enseñado, sobre todo, a ser feliz permaneciendo inmóvil.
No entender, pero no como un pobre de espíritu. Lo bueno es ser inteligente y no entender. Es una bendición extraña, como tener la locura sin estar loca. Es un desinterés manso, es la dulzura de la burrez.
No entiendo. Eso es tan vasto que sobrepasa cualquier comprensión. Entender siempre es limitado. Pero no entender puede no tener fronteras. Siento que soy mucho más completa cuando no entiendo. No entender, de la manera de la que hablo, es un don.
Ser personaje es soñar ser real. Y lo mágico de ellos, lo que nos posee y encanta de ellos, lo que tienen solo ellos y forma su ser, no es el sueño del autor, lo que este les hace ejecutar y sentir, sino el sueño de ser, en que ávidamente se ponen.