A veces se camina por lugares por los que se había jurado nunca regresar. Se camina con la cabeza entre las rodillas, casi siempre en cámara lenta. Como si la vida cruel quisiera mostrarte que estás pasando por el mismo lugar. Como si quisiera que esta vez fuera la última.
Estos últimos días el síndrome de la impostora me ha asfixiado cada una de las desiciones y momentos por los que ando. No ha habido descanso alguno. Se que no soy la única. Que ganas de sabernos merecedoras de lo bello que trae la vida.
A quienes hoy les falta padre les deseo que puedan aprender a confiar en la vida aunque vayan de puntitas. Que aprendan a ver la vida sin miedo. Que encuentren algún día la reconciliación en ser abandonados para poder ser libres, que solo abandona quien se ha abandonado.