Diciembre llega con frío,
pero también con ese abrazo que no se ve.
Con ganas de volver a “casa”,
aunque la casa sea la gente.
Es tiempo de reencontrarte con tus amigos,
de reír un poco más,
de tomar algo en cualquier bar
y sentir que el mundo pesa menos.
Y también es tiempo de recordar todavía más a los que faltan,
a los que ya no vienen,
a los que sigues echando de menos
en cada luz de la calle.
Intentas ser un poquito mejor,
un poquito más tú,
mientras el año se acaba
y la nostalgia se queda.