que en cualquier momento le llamaría la atención, pero no le importaba demasiado. Aclararlo era su único interés.
— No... no me gusta esto. Quiero salir de aquí, Aeyrith...
Walter frunció el ceño. Estaba molesto, pero parecía el enfado de un cachorrito más que el de una persona a la que estaban conduciendo a la locura.
— ¡No te hagas el tonto! Esto solo puede ser cosa tuya. ¡Y me podrías haber avisado o algo...!
Miró de reojo al profesor. Sabía >
Colocó el libro de la materia que tocaba sobre la mesa, con cuidado, mientras el resto dejaba de cuchichear para prestarle atención al profesor.
Cuando Walter le habló directamente, Aeyrith le dedicó una mirada de reojo.
—¿Perdón? ¿Quién eres? —respondió ›
tuviera algo que ver con todo esto. Seguía nervioso, pero saber que había alguien a quien de verdad conocía le hacía sentir un poco más seguro.
Esperó a que se sentase para preguntarle en voz relativamente baja.
— ¡Aeyrith! ¡¿Qué es todo esto?!
Walter estaba muy tenso. Con la espalda recta pero sin apoyarla en el respaldo y los brazos sobre el pupitre. ¿Por qué a él, la persona más normal del mundo? Que su mejor amigo fuese una especie de deidad alienígena no significaba que él tuviese algún tipo de relación con lo >
—Bien.
El profesor entró y colocó sus cosas en el escritorio. Mientras tanto, el chico de antes se giraba para hablarle un poco a Walter.
—Estás un algo... ¿cucú? ¿No has dormido bien? Tío, más te vale. Espero que no nos pongan exámenes sorpresa, porque si no, seguro ›
No sabía quién era pero le trataba como si se conociesen. Y si bien la idea de quedarse atendiendo como un buen alumno hasta que terminase la jornada parecía fácil, no se sentía preparado.
Cogió una bocanada de aire al ver a Aeyrith aparecer. ¡Al fin! Era imposible que no >
saliva y con la mirada clavada en el suelo, se dio la vuelta para volver a su sitio. No tenía que preocuparse. Si quería salir de ahí solo tenía que esperar a que terminasen las clases... Era sencillo. Esperar...
Walter había trabajando con varios profesores que le contaban sus experiencias en el aula. Siempre conversaron como iguales. Pero, por alguna razón, sentía a ese hombre como alguien superior a él. ¿Por qué? ¿Qué tenía ese desconocido para despertar en él ese miedo?
Tragó >
El profesor resopló y miró a Walter en silencio, con los brazos cruzados.
Vamos, que no cedería, no estaba creyendo ni una sola palabra de lo que estaba diciendo.
—Jovencito, está haciendo esperar a toda la clase, ¿puede regresar a su sitio? No ›
terminé los estudios...
¿Los terminó? ¿Acabó la secundaria? No recordaba nada concreto de aquella época. Había estudiado masoterapia y tenía un curso de primeros auxilios, pero no recordaba nada más...
Walter se quedó quieto, casi inmóvil. A pesar de la situación no se le había pasado por la cabeza ni un momento que un profesor le dijese nada. No... no podía ser.
— Lo siento, pero tiene que haber un error... Yo no soy estudiante. Llevo varios años trabajando, hace mucho que >
Cuando Walter fue a salir por la puerta, el profesor justo apareció para entrar en el aula.
—¿Adónde va, jovencito? —preguntó, dándole un par de toquecitos en el hombro.
No dudó en señalar el asiento donde Walter había estado momentos antes.
—Vuelva a su sitio, no ›
ellos dos para dirigirse a la puerta. Debía salir de allí y buscar su casa o algún otro lugar conocido. El spa, el karaoke, el parque, la tienda de cómics, los supermercados... cualquier sitio.
— No, no tengo fiebre. Estoy bien... —mintió, porque aunque no tenía fiebre sí le dolía la cabeza. Volvió a echarle un vistazo rápido al aula y a la gente. No reconocía nada ni a nadie—. Debería volver a casa. Esto no es normal...
Se cubrió la frente con la mano y se alejó de >
—Y yo tampoco debería estar aquí —añadió el chico—. Tendría que estar en mi casa, jugando en el ordenador. Pero bueno.
Una chica, que pasaba al lado y escuchó las palabras de Walter, se paró, con cara de confusión. Fue ella quien respondió:
—¿Aeyquién? ¡Qué ›
No recordaba la última vez que pasó tanta vergüenza, pero estaba convencido de haber vivido una situación así alguna vez. Simplemente no era capaz de recordarla. Quería que la tierra se lo tragase.
— ¿La tarea...? —le preguntó, mirándole de arriba a abajo en busca de algo que >
Cuando Walter gritó, las chicas que se estaban riendo se quedaron calladas al momento. Y no solo eso, el resto de compañeros se giraron para mirar a Walter con rostros de confusión.
Para su suerte, no tardaron en regresar a lo que estaban haciendo. Aunque ›
le diese algo de sentido a esta situación—. ¿Qué tarea? Yo no... yo no debería estar aquí.
Entonces se miró a sí mismo. Vestía el mismo uniforme que él. Y que todos los chicos en la clase. Sentía una incomodidad ajena al panorama que tenía delante, algo dentro de él avisándole >
el brazo, pero seguía igual. Se asomó por la ventana, miró al grupo de chicas que hablaba y entonces se asustó.
— ¡¿Q-qué?! —gritó, levantándose de golpe.
Pues no, nunca se había parado a mirar la comida "real" en las películas para después comparar... Si es que alguna vez había visto la comida original.
Walter continuó con su segundo churro, que podía comerse ya sin tener que soplar el chocolate caliente. Tuvo que soltarlo >
¿Que si había algo en la carta que lo indicase? ¿No era suficiente con ver que los productos eran... distintos?
—¿El tres? Vaya, vaya... Qué buen gusto.
No importaba qué número eligiese, Aeyrith habría dicho lo mismo.
—Bien, ¡decidido! Esto será muy, muy, muy ›
la mano. No se sentía confuso como cuando despertó esa mañana. Al menos hasta que vio que de repente era un estudiante en un instituto asiático o algo así.
Se quedó quieto y con cara de sueño unos segundos mirando su alrededor. ¿Estaba soñando? Se miró las manos y se pellizcó >