Puedes estar deprimido durante meses, sintiéndote roto por dentro y haciendo un esfuerzo enorme para levantarte cada día, y aun así, lo único que la gente nota es que estás más distante, más callado, más sensible o que te irritas con facilidad.
Una de las cosas que más me cuestan en la vida es hablar de cómo me siento. Puedo pasar horas pensando en ello, pero cuando alguien me pregunta si estoy bien, de pronto todo lo que había en mi cabeza desaparece y solo respondo: “sí”.