Daenerys Targaryen ayudó a salvar la vida de Emilia Clarke.
Y no, no estoy exagerando.
Cuando Emilia tenía 24 años y acababa de terminar la primera temporada de Game of Thrones, sufrió un aneurisma cerebral que casi le cuesta la vida. La recuperación fue tan dura que llegó a sufrir pérdida temporal del habla y, durante un tiempo, ni siquiera podía recordar su propio nombre.
Lo que poca gente sabe es que ella misma contó que intentaba mantenerse mentalmente activa recordando y recitando los diálogos que había aprendido para interpretar a Daenerys, incluidos fragmentos en alto valyrio y dothraki, porque estos obligaban a su cerebro a seguir trabajando. Se aferró, literalmente, al personaje que estaba interpretando.
Visto así, Daenerys no solo fue el papel que convirtió a Emilia Clarke en una estrella mundial. También fue una de las herramientas a las que pudo aferrarse mientras su propio cerebro luchaba por recuperarse.
Para mí, esta siempre será una de las historias más increíbles y humanas que he conocido detrás de una serie de televisión.
Le usurparon el trono. Le arrebataron a sus hijos. Pero hoy, por fin, se sienta en el lugar que siempre le perteneció.
Pónganse en pie para recibir a Rhaenyra Targaryen, la primera de su nombre, Reina de los Ándalos, los Rhoynar y los Primeros Hombres.
#HouseOfTheDragon
Avui fa 100 anys de la mort del mestre Antoni Gaudí. I a ‘Les tres bessones i Gaudí’, la seva mort es representa poèticament: en lloc de ser atropellat per un tramvia, se’l veu pujant-hi i retrobant-se amb el seu amor de joventut.
Pell de gallina. Sempre referents.
Y nos diste la última reverencia…
Como quien sabe que hasta el adiós puede ser arte. Te inclinaste ante tu casa, ante tu escudo, ante tu gente… y el tiempo, por un instante, decidió detenerse.
Catorce años no caben en una despedida.
No caben en un aplauso, ni en un comunicado, ni siquiera en las lágrimas de quienes crecimos viéndote convertir el fútbol en poesía.
Porque tú no solo jugabas, Alexia.
Tú enseñaste a creer.
Le enseñaste al balón a obedecer tus pies,
y al mundo entero a mirar con respeto aquello que durante tanto tiempo ignoró.
Fuiste capitana cuando hubo que levantar trofeos, pero aún más cuando hubo que levantar almas.
Fuiste fuerza en la caída, luz en la herida,
esperanza cuando todo parecía roto.
Hoy el Barça no despide a una jugadora.
Hoy despide a una era.
A una de esas personas que no pasan por un club… lo transforman para siempre.
Y aunque hoy el Fc Barcelona se sienta un poco más vacío, aunque el corazón culé aprenda lo que significa la nostalgia…
las leyendas no se marchan. Se quedan en la memoria, en cada niña que sueña con llevar ese escudo, en cada gol celebrado, en cada rincón donde alguna vez existió tu magia.
Gracias por tanto, capitana.
Y aunque hoy duela decir adiós…
hay despedidas que no son finales: son eternidades. ❤️💙