No creo que se pueda crecer personalmente sin hacer un acto de honestidad profundo con uno mismo. Por la sencilla razón de que quien no es capaz de ver sus propias carencias nunca va a ser capaz de superarlas.
Algunos de vosotros sois muy jóvenes y no lo recordaréis, pero antes cuando el Barça recibía un gol y empezaba perdiendo, se hundía moralmente y era derrota asegurada.
Te quiero mucho Hansi Flick.
El 20 de abril de 1995, un niño cruzó corriendo una intersección de Sarajevo con un perro apretado contra el pecho.
A pocos pasos, otro niño corría detrás.
Detenerse allí podía costarles la vida.
El fotógrafo David Brauchli, de Associated Press, captó la escena en una zona del centro de la ciudad que era alcanzada por francotiradores. Sarajevo llevaba tres años sitiada y algo tan cotidiano como atravesar una avenida podía convertirse en una carrera por sobrevivir.
Las fuerzas serbobosnias rodeaban gran parte de la capital desde las montañas y posiciones elevadas. El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia determinaría posteriormente que existió una campaña de disparos de francotiradores y bombardeos deliberados contra civiles. Las víctimas fueron alcanzadas mientras viajaban en tranvía, buscaban agua, caminaban por las calles e incluso mientras los niños jugaban.
Algunas de las grandes avenidas quedaron asociadas a un nombre que resumía aquel peligro: “Sniper Alley”.
No conocemos los nombres de los dos niños que aparecen en ella. Tampoco sabemos adónde llevaban al perro. Lo que sí sabemos es que quien lo cargaba habría podido correr más rápido con las manos libres.
En una ciudad donde cruzar una calle podía convertirse en una decisión de vida o muerte, aquel niño entró en una zona expuesta cargando un peso adicional.
Era su perro, su familia