Dios no viene en acontecimientos extraordinarios, sino que realiza su obra en la aparente monotonía de nuestros días, en el ritmo a veces fatigoso de las actividades, en lo pequeño e insignificante que realizamos con tesón y humildad, tratando de hacer su voluntad.
La autocrítica forma parte de la responsabilidad de un gobernante. En momentos de mucho sufrimiento y manoseo, los más altos funcionarios deben mostrar “la cara” y rendir cuentas permanentemente de la situación, empezando por el Presidente de la República.
La pandemia agudizó nuestra realidad. Y duele porque lo que se exige es que se garanticen derechos básicos, postergados por mucho tiempo. Este sentir ciudadano es el clamor de un mejor Estado -que sea social y de derecho- como dice nuestra Constitución de casi tres décadas.