Esta foto de Asaid Castro de @prensa_sala, merece un premio como el World Press Photo o el Pulitzer por todos los elementos que están en ella: la represión, la mujer vejada, los granaderos y un limón.
Es probablemente la foto que definirá el cruel sexenio de Claudia Sheinbaum.
Que lo sepa @Claudiashein: nada es para siempre.
La sociedad, tarde o temprano, estará presente para marcar y cobrar los errores y abusos; nadie se va sin consecuencias.
—Ministro en retiro @LaynezPotisek
Sheinbaum impuso una ley retroactiva, lo que va en contra de la Constitución y que es una total aberración.
Y no en cualquier ley, en la de amparo. Que defendía del Gobierno a la ciudadanía.
Fascismo puro.
“El amparo no es propiedad de un grupo, poder o partido. El amparo es de la gente. Debilitarlo no abona a una mejor justicia, sino que implica un grave retroceso en la protección de los derechos humanos de todas las personas.”
https://t.co/CBkxIPNAGD
A lo mejor hemos pecado de técnicos para explicar lo perjudicial de las reformas a la Ley de Amparo y debemos ser más coloquiales: están hechas para que el poder chingue al ciudadano.
La reforma a la Ley de Amparo se vende como modernización, pero en realidad es un cerco contra la ciudadanía. Aunque suavizaron un poco el concepto de “interés legítimo”, lo esencial se mantiene: limitar la forma en que la gente puede defenderse frente al poder.
El golpe real está en las suspensiones: si la UIF congela tus cuentas, ya no podrás obtener una medida cautelar para sobrevivir; si te revocan un permiso, tu negocio tendrá que cerrar y esperar años a que se resuelva el juicio; si se trata de deuda pública, la autoridad siempre gana. Y mientras tanto, se amplían los privilegios del Estado: dependencias y empresas públicas ya ni siquiera tienen que garantizar nada.
El mensaje es claro: menos defensas para las personas, más manos libres para la autoridad. El amparo, que nació para ponerle límites al poder, lo están convirtiendo en un trámite debilitado. Y eso, en un país con tanta arbitrariedad, significa dejar a la gente desamparada frente al abuso.