@dxmonicmind < con extraños.
—Dos pasos dio hacia atrás, pero los brazos le traicionaban.
Extremidades superiores luchaban por abrirse de par en par y rodear el cuello ajeno en un abrazo asfixiante, terminando por fingir que debía estirarse >
@dxmonicmind < Haría que le doliese también.
Inmutable, como una muñeca sin ningún sentido de responsabilidad afectiva, musitó—:
¿Quién eres. . .?
—La venganza le sabía a helado de chocolate y menta.
No le gustaba ese helado, pero el mayor lo merecía—.
@dxmonicmind . . .
—El corazón le estaba dando un vuelco. No en un sentido desagradable, claramente. O eso era lo que le hacía creer la calidez que sentía en el cuerpo.
Pero la había dejado a su suerte durante mucho tiempo —en verdad siempre estuvo con sus progenitores—, y eso le dolió.
>
< sin mayor problema—.
¿Te lo dieron tus papás?
—Fue la única cuestión que hizo, la cual soltó apenas sus pasos iban al compás ajeno. Así se evitaba tener que alzar la voz y repetir dos veces—.
—Si bien la menor era de carácter dócil, no era difícil adivinar que le parecía fascinante qué tan rápido podía actuar alguien si se encontraba con un menor.
No había que ser muy listos para notar que se demostraba compasiva ante ella, ¿le provocaba pena su estado?—
. . .
>
<
—Sus pies, que en algún momento olvidaron lo que era el movimiento gracias a su inmersión en pensamientos, empezaron a dar pasos cortos, firmes pero recelosos.
Tal vez se estaba haciendo ideas contrarias: Nunca le habían dicho que habrían personas así, pero podía intuirlo >
—Oh, bueno... Santa le dice algo parecido todos los años.
Eso, y que por favor le haga más caso a su madre, pero parece que están teniendo problemas técnicos con esa cláusula—.
. . .
—Ese chico... lo había visto anteriormente, y sabía que la simpleza de su nombre imitaba al suyo. Lo pensó un par de segundos, mas terminó por alzar la mano y resignarse a no cometer una equivocación—.
< mucho en volver a buscarla—.
No tengo dinero.
—Eso era un sí mezclado con no: si lo compraba ella, podía acceder a la perfección. De todos modos, no estaban en un lugar escondido de todo, y no tenía razón alguna para desconfiar—.
"No puedes irte por ahí con extraños, Ib".
Aquello, entre un gran repertorio, era una de las frases más típicas que le decía su progenitora. No obstante, era a la que menos caso hacía: no por llevarle la contraria, sino porque era incapaz de poder sentir la malicia que algunos >
< su corbata mientras calculaba la distancia entre los puntos de referencia mencionados. Si bien no parecía ser lejos, la vista podía ser algo engañoso.
Pero ella no estaba allí para quedarse sentada esperando: también tenía hora de regreso, y su familia no tardaría >