El clásico tuit de cada año que estábais esperando... ahí va!
SI EL REAL MADRID ELIMINA HOY AL BAYERN SORTEARÉ 600 EUROS ENTRE TODOS LOS SEGUIDORES QUE HAGAN RT
Puede sonar absurdo, pero el traje espacial que llevó a los astronautas a la Luna fue diseñado por una empresa que fabricaba corpiños.
Es una de las historias más extrañas e improbables del programa Apollo, y un ejemplo perfecto de ingenio estadounidense.
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Hay un momento en la carrera de un artista que marca un antes y un después: ese en el que creas la obra por la que siempre serás recordado.
Aunque se convierta en un hito que ni tú mismo puedas ya superar.
Hoy, para abrir la 5ª temporada de #LaHistorietaMusical, Thriller.
¿Por qué Santa Fe no estuvo en el Congreso de Tucumán?
El 9 de julio de 1816 se declaró la independencia en Tucumán.
Pero… ¿sabías que Santa Fe no tuvo representantes ese día?
¿Y que mientras se gritaba “libertad”, nuestra provincia era invadida?
C Piko este hilo 👇
Este es el puente de Pelješac. Parece un puente más o menos normal pero es un puente que SALTA SOBRE UN PAÍS.
Y la culpa de que exista (al menos en parte) es de Drácula. En serio.
Acompañadme al Adriático en #LaBrasaTorrijos de hoy.
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Cuando el astronauta Jim Voss fue a la estación MIR se fijó en que los cosmonautas rusos subían al espacio con algo...peculiar.
—¿Por qué lleváis una escopeta?
—Por los osos.
—¿CÓMO?
—Sí, por los osos.
Esta es la historia de la TP-82 y os la cuento en #LaBrasaTorrijos
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Lo que más me fascina —me mola, pero en el sentido más amplio de la palabra: no solo porque sea curioso, sino porque hay algo existencialmente satisfactorio, incluso un poco hipnótico, en el dato en sí— es que Michael Keaton sea un nombre artístico.
Y no por lo que eso implica en términos de construcción de identidad pública o disociación entre el yo civil y el yo que existe en la pantalla (aunque eso también, claro), sino porque su nombre real no es *malo*. No es uno de esos nombres imposibles de vender en la marquesina de un autocine de Nebraska. No se llama Herman Blumberg ni Elmer Grznowski ni nada de eso. Se llama, atención: Michael Douglas. Así, sin trampa ni cartón. Un nombre que, si lo piensas, ya viene empaquetado con su propio branding. Un nombre guay, redondo, legible, perfectamente apto para ponerlo en mayúsculas blancas sobre fondo negro justo antes de que empiece la película.
El único problema, claro —y aquí es donde el engranaje cósmico del Hollywood tardío empieza a girar— es que cuando Michael Keaton empieza su carrera ya hay un Michael Douglas. No solo “hay”, sino que ese Michael Douglas ya es famoso, ya tiene estanterías con premios, ya tiene una cara reconocible, ya ha producido "Alguien voló sobre el nido del cuco" (y ganado un Óscar a mejor película por él) y se ha convertido, a efectos prácticos, en una especie de institución andante del nepotismo de élite bien gestionado.
Ahora bien: aquí es donde todo se vuelve gloriosamente más complejo de lo necesario. Porque ese Michael Douglas —el hijo de Kirk Douglas— en realidad tampoco debería llamarse Michael Douglas. No al menos si seguimos la genealogía original. Porque su padre, Kirk, el mítico Espartaco, el actor de mentón imposible y cuyo apellido siempre pronunciamos mal en España, tampoco se llamaba Kirk Douglas. Se llamaba Issur Danielovitch, y de hecho ese era el apellido que le correspondía legalmente a su hijo. Es decir: en un universo mínimamente coherente (y sabemos que Hollywood es cualquier cosa menos coherente), Michael Keaton debería haber podido llamarse Michael Douglas sin ningún problema, porque el otro Michael Douglas tendría que haber sido Michael Danielovitch. Que, sí, es menos vendible, pero también infinitamente más honesto, más lleno de capas, más verdadero en su rareza.
Por supuesto, Kirk se cambió el nombre —de Issur a Kirk, de Danielovitch a Douglas— en esa tradición secularmente estadounidense de borrarse el acento, la ortografía y el pasado. Lo que hacían muchos actores judíos del siglo XX y que ya venía de mucho antes, de los tiempos de la Ellis Island y sus funcionarios monolingües que convertían a los Jankelovich en Jacklins y a los Kowalski en Kellys por pura incapacidad administrativa. Aunque también, y esto es menos romántico, lo hacían cuando querían “legalmente desaparecer” de algún archivo previo: cambiar de nombre, cambiar de identidad, cambiar de cuenta bancaria, de domicilio fiscal, de antecedentes. Todo muy peliculero. Todo muy americano.
Así que Michael Keaton —nuestro protagonista, el otro Michael Douglas— se ve obligado a inventarse un nombre que no le corresponde, pero tampoco lo hace del todo. No se va por un camino exótico, ni por algo rebuscado o sonoro tipo Rock Hudson (que era Roy Scherer Jr.), sino que elige Keaton, que suena más a apellido prestado que a apellido creado. Y aquí entra otra capa de desconcierto: al principio de su carrera, los periodistas y los asistentes de producción que llenaban fichas y carpetas con mecanografías imperfectas le preguntaban todo el rato si era hermano o primo o algo —algo— de Diane Keaton. Que no, que no lo es. Pero es comprensible que lo pensaran, porque es un apellido poco común y porque en la industria cinematográfica todo el mundo supone que hay nepotismo hasta que se demuestre lo contrario.
Lo más curioso —y lo digo con plena conciencia de que estamos a punto de cerrar el círculo como en una novela de Nabokov disfrazada de biografía de IMDb— es que Diane Keaton tampoco se llama Diane Keaton. Su nombre completo es Diane Hall Keaton, y el “Keaton” es un apellido artístico que adoptó por respeto a su madre, o porque sonaba mejor, o porque ya había otra actriz llamada Diane Hall sindicada en el Screen Actors Guild (lo cual es real: el sindicato no permite que dos actores tengan exactamente el mismo nombre profesional, cosa que genera una cadena de mutaciones nominales que parecería inventada por Kafka si Kafka trabajase en la oficina de casting de Warner Bros.).
Y, como coda perfecta, está este último bucle: el hecho de que Woody Allen —cuyo nombre real, por cierto, es Allan Stewart Konigsberg (y que se cambió a Heywood Allen, lo cual lo haría aún más enrevesado)— tituló Annie Hall en honor a Diane Hall Keaton, que era su pareja en ese momento, y que ganó su único Oscar en 1977 por esa interpretación.
En la Edad Media, se excavaba ligeramente un espacio en forma de corral para las peleas de gallos, llamado cockpit (de cock, gallo, y pit, pozo).
Luego, en la marina, cockpit designaba el habitáculo bajo cubierta que ocupaban los cadetes. Más adelante, el término se usó para nombrar el “hueco” donde se ubicaba el piloto en aviones y en monoplazas de carreras.
George Atkinson fue la persona más influyente en el cine de los 80 y 90 y no fue director, ni actor, ni productor.
Fue un vendehumos.
Un buscavidas que puso en jaque a la industria y consiguió reinventarla con una palabra que ya ha dejado de existir: Videoclub.
Abro hilo 👇👇
Vamos a ofrecer un premio a la altura de la proeza que necesita hoy el fútbol español….
Si Athletic Club y Real Betis se clasifican esta noche para sus respectivas finales de Europa League y Conference League sortearé TRES MIL EUROS entre todos los seguidores que hagan RT.
ARG 4-1 BRA (Simeone 71')
‼️HISTÓRICO‼️
Después de romper el invicto de Brasil como local, Argentina dobla la apuesta y se convierte en el PRIMER rival que le hace CUATRO goles a Brasil en TODA la historia de las Eliminatorias para la Copa del Mundo.
Las cajas de carretes Kodak son reconocibles en todo el mundo por su tono amarillo.
Sin embargo, en los 60, esta caja provocó perdidas increíbles en la compañía.
Y también generó uno de los mayores avances del siglo XX en diseño.
Y todo por el color.
🧵 de #MaterialNarrativo
@harrylpg Muy buenos, muy familieros, llenos de argentinos e italianos jaja. Creo que coincido con que no es lujo pero no le falta nada. La playa es increíble!