La película más vista en el planeta hoy, es mexicana y se llama La Captura.
The most-watched movie in the world today is Mexican, and it’s called Facing El Chapo.
La Captura habla de algo que también existe en México y que vale la pena contar: dos mexicanos que, en circunstancias muy cabronas, decidieron hacer lo correcto. No podemos ser ingenuos sobre el país en el que vivimos, pero tampoco podemos permitir que otros definan quiénes somos únicamente desde lo negativo. Esta película no es una apología al narco, todo lo contrario: es una historia sobre honestidad, valor y dignidad. Me da mucho orgullo haber sido parte de ella y que Salvador Cartas, Francisco González Compeán, Héctor de Mauleón, Bernardo Esquinca y todos mis compañeros hayan apostado por contarla. La Captura, 21 de agosto en @NetflixLAT
Esta imagen va mucho mas allá de familia, futbol, semitas.
Esta imagen refleja a unos padres bien avenidos, formando a dos niños que jamás le harán daño a la sociedad, bien vestidos, bien abrigados, bien comidos, bien alineados y peinados como el papá, esfuerzo de una gran pareja
No hay forma de negar que México vive en la oscuridad perenne. En México es constantemente de noche. Nuestro reloj marca permanentemente la Hora del Diablo. Estamos malditos. El país ha sido arrasado por su clase política y por los narcos. Entre ambos nos han robado todo: la tranquilidad y la república; el futuro y la esperanza. Ambos son las piezas del narcorrégimen que aprieta la pinza sobre nuestro cogote. México es un país que peca de inocencia, que finge demencia para intentar conservar la cordura. Somos un país tan fallido que no nos queda más que hacer como que no pasa nada. Como que podemos tener TMEC chapoteando en la sangre de los descabezados; que podemos invitar a los inversionistas para que finquen sus fábricas sobre la tierra humedecida por las vísceras de los desollados; que podemos hacer nuestra vida, planear nuestro futuro, invertir en una casita, mientras hay madres escarbando la árida tierra en busca de unos huesos a los que puedan hablarles con el amor con el que un día les hablaron cuando eran sus hijos y estaban vivos. ¿Qué nos queda en un país que no va a ningún lado sino hacer como que seguimos avanzando? Vivimos en un país esquizofrénico que castiga las palabras y protege a las mujeres del debate pero entrecierra los ojos a los horrores que todos los días suceden en la densidad arbolada de algún paraje escondido; creemos que podemos sostener ideas "progresistas" como si cada hora alguien no fuera hecho cachitos por sus enemigos; vivimos como si el viento no hiciera resonar en todos los rincones del país los aullidos de los torturados, como si no hubiera millones de familias rotas y humilladas. Nos llenamos la boca de feminismo en un país completamente deshumanizado. Nuestro horror se esparce todos los días como un incendio feroz e incontrolable. No hay límites para la crueldad mexicana. Nuestra marca registrada es la sevicia, la barbarie es nuestra moneda de cambio, la salvajada el producto que mejor nos distingue en el mundo entero. ¿Cómo podemos seguir soñando si compartimos el país con una horda de miles y miles de salvajes, con una yunta de animales premodernos sin córtex prefrontal que inhiba su naturaleza oscura, su alma malhadada? ¿Cómo es que le hacemos para seguir contando chistes, cantando, bailando, riendo? ¿Cómo podemos hacer el amor si nuestra casa está a espaldas de un campo de exterminio; o cantar un gol si bajo esa misma tierra reposan los restos de alguien que nunca va a encontrar descanso? Pronto no quedará familia mexicana que no se encuentre atravesada por el dolor más brutal, que no haya sido tocada por la maldad demoniaca de sus semejantes. Ya nos volvimos todos locos porque es la única manera en que podemos despertar todos los días y hacer como que no pasa nada.
Aprendí a jugar a tenis mientras caían bombas.
Tenía seis años y vivía en Belgrado. Afuera, los aviones de la OTAN cruzaban el cielo. Mi madre nos bajaba al sótano cuando sonaban las sirenas. Olía a humedad y a miedo. Pero entre alarma y alarma, yo salía.
Había una piscina vacía, abandonada, cerca de casa. Sin agua. Solo hormigón agrietado y un eco perfecto.
Agarraba mi raqueta y golpeaba pelotas contra esa pared, una y otra vez, mientras el mundo que me rodeaba se desmoronaba.
Nadie me enseñó. No había academia. No había entrenador con metodología ni planificación anual. Solo había ese sonido: toc, toc, toc, que era lo único sobre lo que yo tenía control absoluto.
Mi familia no tenía dinero para mandarme a entrenar en el extranjero como los niños que después serían mis rivales. Mis padres convirtieron su restaurante en un hogar para que yo pudiera seguir jugando. Lo apostaron todo. Todo.
Hubo noches en las que escuché a mi padre hablar en voz baja, preocupado, pensando que yo dormía.
No dormía. Escuché todo.
Y decidí que su sacrificio no podía terminar en nada.
Hoy tengo más Grand Slams que cualquier ser humano en la historia de este deporte.
Pero cuando alguien me pregunta de dónde saco la mentalidad para no rendirme nunca en una final, no pienso en tácticas ni en psicología deportiva.
Pienso en esa piscina vacía. Pienso en el olor a sótano.
Pienso en el sonido de los aviones.
Las mejores fortalezas mentales no se construyen en academias de élite, se construyen en los lugares donde no te quedó otra opción que seguir golpeando la pared.
Novak Djokovic 🇷🇸
Hoy es muy buen día para recordar las palabras del jefe Don Felipe de Jesús Calderón Hinojosa: “la violencia la generan quienes con las armas están buscando dominarnos e imponernos su ley”.
Por si faltaban elementos proféticos, dio ese mensaje en un evento en Guadalajara.
Una de las más recientes estupideces idiomáticas que han inventado las redes sociales es el uso de desvivir como sinónimo de matar y morir.
Por favor, dejen de hacer eso.
@andrespina__ Se quedó aquel hombre extraño a bendecir,
Y cuando repartió los panes y se fue
Los ojos se me iluminaron, era Él
El mismo que llegó a mi barca aquella vez 🎶
Hey Señor, perdóname…
La periodista @DeniseMaerker se enoja y se exaspera porque le dije bellaco al bellaco de @fernandeznorona
El "Tigre" Azcárraga estaría orgulloso de Maerker, le cumple bien como "soldado de morena".
En el año 2018, la atleta Allyson Felix decidió que iba a ser madre, pero tuvo que esconder su embarazo, no para poder competir, sino por miedo a que Nike rescindiera o rebajara su contrato. Y así fue... Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
@leozuckermann Leo, tú perdiste la gran oportunidad anoche en Tercer Grado.
Quedaste reducido al penoso papel de cobarde.
¿Y sabes? Eso no se le va a olvidar a la sociedad. Menos cuando empecemos a ver en plenitud los saldos del obradorato.
No falta mucho.