Si tienes competencias, herramientas y respaldo legal para actuar ante el problema de la vivienda y decides no hacerlo, no es incapacidad. Es desidia, negligencia y dejación de funciones.
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Cuando el fundamentalismo ganadero del Sueve sale a la calle para exigir una zona montañosa libre de lobos, no estamos hablando de convivencia: estamos hablando de decidir qué especies tienen derecho a existir en un territorio y cuáles deben ser eliminadas.
El Sueve no es propiedad de estos radicales. Es un ecosistema, un territorio compartido y también hábitat de una especie silvestre que forma parte de nuestra naturaleza.
La pretensión de convertir una sierra en una «zona libre de lobos» significa, en la práctica, expulsar o matar a los lobos que allí viven para satisfacer los intereses de un determinado modelo de explotación.
Y lo más preocupante es que esta idea ya no se queda en la pancarta: el propio programa asturiano de control poblacional contempla matanzas de lobos en el Sueve.
Hoy son los lobos.
Mañana, ¿qué otra especie molestará?
La montaña no necesita ser «liberada» del lobo. Si no de quienes se niegan a convivir con el en plena naturaleza.
Los ganaderos del Sueve salen a la calle para exigir un Sueve sin lobos y matanzas contra los ejemplares que se encuentran en esta sierra asturiana.
Hay que tener mucho descaro para exigir que desaparezca una especie autóctona de su propio hábitat porque su presencia resulta incómoda para una actividad humana.
El Sueve no es un cortijo ganadero.
El lobo no ha llegado al Sueve para quitarles el monte. Son ellos quienes pretenden que el monte se adapte a sus intereses particulares y que sea la fauna la que pague el precio.
¿Que existen ataques? Que se investiguen, se acrediten y se paguen los daños reales. ¿Que hay medidas para proteger al ganado? Que se utilicen. ¿Que hay que mejorar la gestión? Por supuesto.
Pero pedir directamente «un Sueve sin lobos» no es gestionar un conflicto: es pretender eliminar al que consideran molesto.
Y conviene recordar algo muy sencillo: los ganaderos no son los dueños de la naturaleza. Tener ganado en el monte no otorga el derecho a decidir qué especies pueden vivir allí y cuáles deben desaparecer.
Porque si cada actividad humana pudiera exigir la eliminación de cualquier animal que interfiera con sus intereses, aquello no sería naturaleza. Sería un territorio domesticado al gusto del que más grita.
El lobo tiene derecho a existir en el Sueve.
Los ganaderos tienen derecho a reclamar compensaciones y medidas de protección.
Lo que no tienen es derecho a exigir que una especie autóctona sea expulsada de su hábitat para que su actividad resulte más cómoda.
El problema no es que haya lobos en el Sueve.
El problema es creer que el Sueve debe quedarse sin lobos porque algunos ganaderos trumpistas así lo han decidido.
“Se dejaba llevar…”
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