Todas las mujeres que fui, no están muertas. Aún viven en mí, para recordarme quién fui, qué ya no quiero ser, ni permitir. Matarlas sería como borrar una parte de mí, que lo vivido fue en vano.
Ya no quiero dedicarme a lo que me dedico pero no quiero renunciar porque qué chinga encontrar algo así de estable como lo que tengo y al mismo tiempo harto de no saber qué quiero exactamente y sentir que nada me motiva pero también que la juventud se me escapa ¿sabes cómo?
Mi hija juega mucho a que es repartidora de "amazon" pero como ella solo reparte gatos su empresa se llama "gatazon", entonces siempre en cualquier rato aleatorio del día toca la puerta del cuarto y grita "ya llegó el gatazon!!!" y mete a un gato al cuarto