La lealtad no hace ruido. No promete, no presume, no negocia. Está ahí cuando todo se cae, cuando ya no queda nada bonito que mirar. Es la mano que no suelta, incluso cuando tú eres el que tiembla.
Todo el mundo se equivoca, todo el mundo comete errores, todo el mundo hace daño alguna vez. Unas personas lo reconocen, se disculpan y cambian, y otras lo niegan. Eso es lo que marca la diferencia. El error te hace persona pero la capacidad para reconocerlo te hace humano.