Hace tiempo que entendí que sin salud mental no hay nada, que cuando uno no tiene ganas de vivir todo se convierte en secundario. De eso te das cuenta cuando te falta y lo que antes parecía súper importante de pronto es insignificante. Perder la salud mental es una hostia de realidad. Por eso desde entonces cuido profundamente mi tiempo, mi espacio, mi descanso. mi cuidado, mi paz. Aunque tenga que sacrificar cosas por el camino. Porque si caigo yo cae también todo lo demás. Aprendí a poner mi tranquilidad psicológica en el centro porque es lo más relevante que tengo en esta vida.