En México arrancaron campañas judiciales que parecen sketches de comedia. Aspirantes a jueces derriban muros simbólicos, se mojan en ríos, hacen slogans ridículos y graban desde hospitales o cárceles. No hay experiencia, ni conocimiento jurídico, ni defensa del derecho. Sólo populismo judicial en su estado más puro. La justicia, convertida en show.
Un juez no debe hacer campaña, ni prometer, ni actuar. Debe estudiar, razonar, resolver. Pero en este país están prostituyendo la figura del juzgador: lo quieren obediente, mediático, barato y leal al régimen. ¿La toga? Se cambió por la camiseta partidista. ¿La ley? Por TikToks. ¿La imparcialidad? Por frases de AMLO. Lo que se juega no es una elección: es la tumba del Estado de Derecho.
¿Quién protege al inocente cuando el juez necesita votos? ¿Quién garantiza justicia cuando el derecho lo sustituye el aplauso? Esta farsa disfrazada de democracia sólo produce impunidad, manipulación y captura institucional. Si los jueces deben ser influencers para ser electos, entonces los ciudadanos estamos solos. Absolutamente solos.