Estoy reconciliándome con el hecho de que la vida está constituida de despedidas.
Inevitablemente todo cambia y todos se irán: eso hay que abrazarlo porque es el contrapeso que le da su justo valor al momento presente. No habrá otro tiempo igual que este.
Somos permisivos con quienes queremos y esa permisividad implica la vulnerabilidad de confiar en el otro. Solo quien te quiere entiende la importancia de tener muchas libertades y desde esa libertad elegir no pasarte por encima sino acompañarte, abrazarte y sobre todo respetarte.
A veces me gustaría saltarme esta etapa en la que apenas “inicio” mi vida laboral porque esto implica inestabilidad financiera, adaptación al nuevo contexto, sentirme incapaz (en ocasiones), y responsabilidades extras. 🫠😖
Como psicóloga en pañales estoy aprendiendo que soy muy significativa y movilizadora para ciertos pacientes, neutra para otros e insignificante e inútil para otros.
Podemos pasarnos una vida entera sabiendo lo que tenemos que hacer pero si no decidimos nada cambiará. No nos enseñan a tomar decisiones y es ahí donde nos atascamos. Tomar decisiones es una habilidad más y como cualquier otra habilidad se aprende.
Hemos normalizado el discurso de que hay que cuidar la salud mental hasta que alguien toma una decisión que prioriza esa salud por encima de una situación laboral o personal. Entonces sale solo el 'podrías aguantar, tómatelo de otra manera, qué pena con lo que te has esforzado...
Muchas veces perdemos infinidad de tiempo esperando recibir algo que esa persona no tiene la capacidad de dar, qué importante distinguir la realidad de la idealización para no sostener un vínculo en base a la idea de una persona que en realidad no existe
Háganse la vida un poquito más soportable y, si pueden, métanse algo de luz entre semana.
No hay que esperar al fin de semana para ver a gente, practicar tus hobbies, comer rico, etc. y viviendo constantemente en ese contraste no nos debería sorprender que odiemos los lunes.