Como no amarte, si nos hemos visto durmiendo, llorando, hablando de nuestros padres, de nuestros miedos, de nuestros planes juntos, riéndonos hasta que nos duela la barriga, enfadados, felices, enamorados, cansados; Y a pesar de todo, seguimos eligiéndonos el uno al otro.
Cuando falleció mi abuela, hubo muchas más risas que lágrimas. Anécdotas, vivencias y un sinfín de cosas que acabaron con mis padres, tíos y primos llorando de la risa.
Y creo que no hay nada más bonito que cuando te vayas la gente te recuerde con muchas risas.