La sensibilidad no es signo de debilidad. Debilidad no es contactar con las emociones sean las que sean; huir de tocarlas por miedo a sentir, sí. Que nos lo enseñaron mal
Ser una persona segura tiene un precio: revisar y limpiar el contexto.
Que sentir seguridad va a depender más de dónde estás que de cómo te sientes, estés donde estés. Miramos mucho dentro olvidando que en cualquier sitio no se puede crecer,
por más que te quieras
Mi silencio es mi límite. Soy alguien que busca soluciones, que dialoga y que se disculpa cuando es necesario, pero si llego al punto de quedarme en silencio, significa que he agotado todas las vías y en ese momento, la paz interior se vuelve más valiosa que cualquier discusión.
Cuando cuidas a la gente que quieres no solo lo estás haciendo por el otro, lo haces por ti, por poner en práctica tus valores. Porque eso es lo que te permite dormir tranquilo y estar satisfecho con quien eres. Si no cuidas a quien amas algún día te tocará exponerte a la culpa de no haberlo hecho, y pocas cosas mas duras que ser tu propio enemigo. En el fondo amar bien al otro también es una forma de amor propio.
Si alguna vez me miras a los ojos
y no me ves
ni tan siquiera al fondo,
no te asustes.
Si alguna vez me das la mano
y el tacto se hace incómodo,
frío y caliente a la vez,
como ausente,
por favor
no te asustes.
Si alguna vez notas
que las lágrimas se me están
quedando encerradas dentro
y en mi sonrisa sabes que estoy
llorando mares invisibles,
no te asustes,
por favor.
Si me ves, alguna vez,
más pequeñita de lo que suelo,
más cerca del suelo,
sólo... no te vayas.
Quédate como permanece
el árbol esperando
sus flores caducas.
Quédate porque voy a volver
como las mariposas que siguen su ruta.
Quédate porque no me he ido
a ninguna parte.
Es sólo que es difícil existir
tanto tiempo en mi cuerpo,
en mi manera de sentir;
la vida desaparece a veces,
pero tu presencia tira
de mis océanos hacia fuera.
Conozco mis caminos,
sé volver,
y encontrarte no es el lugar ni el destino,
es tener la brújula que da la calma
a quien está perdido,
cuando todo y nada
parece lo mismo.
Cuando rompes la barrera del miedo hasta te cuesta entender cómo pasaste tanto tiempo limitado por él. Cuando afrontas tus temores cara a cara te das cuenta de que para nada tienen la magnitud que aparentaban. Es como pasar años mirando hacia el bosque con pánico de entrar, sin saber que el bosque solo son unos metros y detrás está la vida.
El premio es muy alto para quiénes se atreven a dar el salto. Ponle precio a la libertad.
El miedo al qué dirán puede alejarte drásticamente de la oportunidad de ser feliz porque a veces lo que otros esperan de ti choca frontalmente con aquello que a ti te llena y con la versión de ti con la que tú estás cómodo. Entonces se te abren dos posibles caminos, vivir para validar la opinión de otros o vivir para que tú estés conforme con quién eres.
Lo más valioso es que elijan quedarse contigo a pesar de tener la oportunidad de irse. Muchas personas tratan de tener a quien quieren en una urna para evitar que se vaya, cuando lo realmente reconfortante es que se queden contigo a pesar de poder marcharse cuando quieran