El día que Estados Unidos entró a Venezuela a capturar a Maduro, cientos de políticos españoles ponían su grito al cielo diciendo que era para “robarse el petróleo”.
Al final, quien realmente se lo estaba robando era Zapatero.
Hemos normalizado tanto el nivel de estrés diario que, cuando por fin tenemos una tarde tranquila, el cerebro nos convence de que seguramente se nos está olvidando hacer algo urgente. Ya ni siquiera sabemos cómo descansar en paz.
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