No me extraña la fuerza de #Abelardo. En un país donde tantos admiran al vivo, al atarván con plata, al que se salta la fila, al que presume poder y desprecia al débil, era cuestión de tiempo que apareciera alguien que convirtiera esos valores en proyecto político.
1️⃣ Derrocar a un dictador suena moralmente justo. Nadie llora por un tirano. Pero el derecho internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para contener a los poderosos. Por eso prohíbe la fuerza casi sin excepciones: no porque ignore la injusticia, sino porque sabe que, si cada país decide a quién “liberar” a balazos, el mundo vuelve a la ley del más fuerte.
2️⃣ El problema no es Maduro. El problema es el precedente. Cuando la fuerza militar se usa para cambiar gobiernos sin reglas claras, la soberanía deja de ser un límite y se vuelve un estorbo. Hoy es “derrocar a un dictador”; mañana será “corregir una elección”, “proteger intereses”, “restaurar el orden”. El derecho no absuelve dictaduras, pero tampoco legitima cruzadas unilaterales.
3️⃣ La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda.
Sin ninguna evidencia, Trump acusó a Petro de ser “un líder del narcotráfico”, ordenó frenar las ayudas económicas a 🇨🇴 y hasta amenazó con una invasión para acabar con la producción de dr0g4. Aquí les contamos por qué el presidente de 🇺🇸 se está portando como un bully mentiroso.