Las medidas cautelares acordadas por el Magistrado Peinado pueden ser objeto de recurso ante la Audiencia Provincial de Madrid.
Si el CGPJ decidiera sancionar al instructor por su criterio jurídico, y posteriormente la Audiencia Provincial desestimara los recursos de las defensas, avalando íntegramente la legalidad y proporcionalidad de dichas medidas, se produciría una colisión inaceptable entre la verdad jurídica establecida por un Tribunal y la sanción administrativa impuesta por este órgano.
¿Pretende el Consejo General del Poder Judicial expedientar también a los Magistrados de la Audiencia Provincial de Madrid si confirman el criterio del instructor?
La apertura de un expediente disciplinario en este escenario incurre en una contradicción lógica y jurídica de imposible subsanación.
Difundir información falsa, ya sea inventada o procedente de fuentes mal informadas, es simplemente mal periodismo. Y de eso ya hay bastante. Especialmente cuando se trata de informaciones que generan expectativas en los aficionados, estaría bien acertar al menos de vez en cuando…
🏆 GANADOR DE LA V EDICIÓN MVP AVANTI (2025/26)
EDU VIAÑA
El lateral rojillo se alza con el trofeo MVP Avanti que le acredita como el mejor jugador de la RSDAlcalá de la temporada.
Enhorabuena @eduv_17
📷 Víctor G.
EL REAL MADRID DEBE ACTUAR YA
El Real Madrid no puede seguir permitiendo que el relato de su historia y de la actualidad deportiva sea dictado por las falsedades de Joan Laporta. Como socio y compromisario, siento que ha llegado el momento de que el club dé un paso al frente con la misma firmeza con la que se personó en el caso Negreira. No basta con que los madridistas utilicemos nuestros altavoces en redes sociales para desmontar bulos; es imperativo que la institución utilice todo su poder comunicativo y jurídico para responder a las trampas y acusaciones vertidas desde la presidencia del FC Barcelona. La integridad de la competición y la propia dignidad del Madrid están en juego.
La reciente admisión de Joan Laporta sobre el caso de Barça Studios es de una gravedad extrema. Reconocer que una operación de venta no fue tal, sino un "favor" para obtener un límite salarial artificial, supone confesar una alteración directa de las reglas del juego. Gracias a esa trampa contable, el Barcelona pudo inscribir jugadores decisivos que le permitieron ganar títulos que, de otro modo, no habrían podido disputar en igualdad de condiciones. El Real Madrid tiene la obligación moral y legal de estudiar todas las vías posibles para impugnar y demandar estas actuaciones que han adulterado la competición en las últimas temporadas.
Resulta igualmente indignante el intento de Laporta de igualar los pagos durante 17 años al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros con supuestas vinculaciones madridistas en el estamento arbitral. Es un bulo flagrante. La realidad histórica es que el último dirigente arbitral con algún tipo de vinculación madridista cesó en sus funciones en el año 1953. Es necesario que el club exponga estos datos de forma oficial, con la fuerza de sus redes sociales globales, para que la verdad llegue a los cientos de millones de aficionados que siguen al Madrid en todo el mundo. El silencio solo permite que la mentira se asiente.
Ya vimos de lo que es capaz el Real Madrid cuando decide comunicarse. El vídeo de respuesta a la acusación de ser el "equipo del régimen" fue una contestación magistral que dejó en evidencia la vinculación del Barcelona con el franquismo. Ese es el camino. El club cuenta con profesionales de primer nivel en todos los ámbitos para liderar una respuesta comunicativa que no se limite a Real Madrid Televisión. Debemos combatir la impunidad con la que Laporta se mueve, tratando de ocultar la gravedad del caso Negreira bajo una cortina de humo de ataques sin fundamento contra nuestra entidad.
El Real Madrid debe defenderse públicamente, no solo en los tribunales. No se trata de responder a cualquier usuario de redes sociales, sino de desmentir al presidente de nuestro máximo rival, cuyas palabras tienen una trascendencia mundial. Si el Barcelona ha competido utilizando mecanismos artificiales e ilegítimos para sortear el control financiero de La Liga, el Madrid no puede ser un espectador pasivo. Es hora de actuar, de denunciar la injusticia y de proteger los intereses de un club que siempre ha hecho de la legalidad y la excelencia su bandera.
La paciencia tiene un límite y la infamia de Laporta lo ha sobrepasado con creces. El Real Madrid tiene los medios y la razón de su parte; solo falta la voluntad de ejercer esa fuerza para que nadie más vuelva a intentar manchar nuestro nombre con bulos ni a adulterar el fútbol español con trampas financieras que quedan impunes ante el silencio de los demás.
L REAL MADRID Y EL FISCAL ACORRALAN A LAPORTA MIENTRAS LALIGA Y LA RFEF SE QUITAN LA CARETA
La declaración de Joan Laporta ya pertenece a los hechos.
Y lo que ha dejado tras de sí es una certeza devastadora: cuando el Real Madrid entra con bisturí, no queda espacio para el relato.
Florentino Pérez lo había advertido: “Esto no es normal”.
Ayer se confirmó con precisión clínica.
El Real Madrid desplegó sus preguntas -todas basadas en hechos acreditados y en el interrogatorio preparado al milímetro- con un propósito claro: mostrar lo que Laporta no podía explicar.
Y así fue.
Porque Laporta no puede responder cuando cada respuesta abre otra grieta:
No puede explicar por qué los pagos crecieron un 800 %.
No puede explicar por qué se aceptaron actas fiscales que calificaban los pagos como meras liberalidades.
No puede explicar por qué el club ocultó información a Hacienda, a Fiscalía, al compliance y hasta a sus propios auditores.
No puede explicar que el primer encargo “documentado” fuera una factura por “packs de aloe vera”.
No puede explicar un Mundial analizado… antes de jugarse.
No puede explicar que los “informes técnicos” incluyeran información privada de árbitros, imposible de obtener sin influencia interna.
No puede explicar por qué un hijo que dice “no saber nada de los pagos a su padre” era, según el club, el autor de unos informes que él ha reconocido cobraba por otro lado.
No puede explicar cómo un analista en Turquía podía simultáneamente analizar la Liga española.
Estas fueron las preguntas del Real Madrid.
Preguntas directas.
Preguntas simples.
Preguntas devastadoras.
Preguntas que revelaron que la declaración de Laporta no fue una declaración: fue un inventario de imposibles.
Un campo minado que él mismo había sembrado y que ahora estalla bajo sus pies.
Pero la causa añadió algo más.
Algo todavía más destructivo para el relato oficial.
Ernesto Valverde declaró ante el mismo juzgado.
Y fue tajante: nunca nadie en el F.C. Barcelona le ofreció informes arbitrales.
Nunca supo de su existencia.
Nunca él ni nadie de su cuerpo técnico los recibió, los pidió o los utilizó.
Y no fue el único.
Luis Enrique Martínez también declaró.
Y dijo exactamente lo mismo.
Que no sabía nada.
Que nadie le entregó informe alguno.
Que nadie de su staff tuvo jamás acceso a esos supuestos análisis.
Dos entrenadores.
Dos etapas distintas.
Dos testimonios coincidentes.
Una sola conclusión.
No es una casualidad.
Es una prueba.
Porque si ni Valverde ni Luis Enrique —entrenadores del primer equipo— conocieron esos informes,
si ningún cuerpo técnico los utilizó,
si nadie los pidió,
entonces la pregunta ya no es deportiva.
La pregunta es otra:
¿para qué se pagaron millones durante años?
¿Para quién eran esos informes?
¿Y con qué finalidad real?
El patrón es evidente:
Nada encaja si no se acepta la verdad que Barcelona y Federación llevan años intentando ocultar.
Y Fran Soto -la apuesta de Rafael Louzán- pide públicamente y sin pudor olvidar.
El contraste no pudo ser mayor.
El Real Madrid preguntó para iluminar.
Mientras tanto, LaLiga apenas compareció.
Su abogado, Francisco Martínez, se limitó a una sola pregunta:
si era cierto que el hijo de Enríquez Negreira acompañaba a los árbitros al Camp Nou.
Una pregunta.
Solo una.
Cuando el procedimiento ofrecía decenas de flancos para una acusación real.
Y, como si el sarcasmo fuera poco, Javier Tebas aparecía a la misma hora en los medios dando lecciones de ética al entrenador del Sevilla.
La ética, esta vez, hubiera sido otra:
guardar silencio
y permitir que su abogado ejerciera una acusación seria, inquisitiva y exhaustiva frente a Laporta.
No ocurrió.
La ética es garantizar la integridad de la competición.
Algo que para Javier Tebas parece una quimera.
El partido de Miami es una prueba.
Y su negativa a llevar a efecto la reciente sentencia del Supremo que afecta al Fair Play financiero de los clubes, otra.
Peor aún fue lo de la Federación.
Personada como acusación, estuvo representada por la abogada Beatriz Seijo, que prefirió no formular ni una sola pregunta.
Ni una.
Vergüenza absoluta.
Y la vergüenza es mayor cuando se recuerda que Beatriz Seijo pertenece al círculo íntimo de Rafael Louzán y es miembro de la Junta Directiva.
Ejercer como abogada de la Federación en estas condiciones no es solo una anomalía:
vulnera el código de buen gobierno, la Ley del Deporte y el Real Decreto de Federaciones,
y evidencia una incompatibilidad palmaria.
El resultado fue tan claro como inquietante:
solo el fiscal y los abogados del Real Madrid ejercieron realmente la acusación.
La comparecencia de Laporta dejó expuesto que:
– Los pagos no tenían justificación técnica.
– Los supuestos informes no existieron como herramienta deportiva real.
– Los entrenadores del primer equipo —Valverde y Luis Enrique— no los conocieron ni los utilizaron.
– La relación con Negreira no fue un error, sino un sistema.
– La ocultación no fue un accidente, sino una práctica sostenida.
– La estructura de influencia arbitral fue real, constante y conocida por quienes debían detenerla.
– Y que LaLiga (Javier Tebas) y la RFEF (Rafael Louzán) han estado en el procedimiento como meras comparsas.
El caso Negreira ya no es una sospecha.
Es una realidad judicial, fiscal y federativa.
Y tras lo visto y oído en el juzgado, hay una conclusión que ya no admite rodeos ni maquillajes:
lo ocurrido no fue un exceso aislado, ni una irregularidad administrativa, ni una mala práctica puntual.
Fue un sistema.
Un sistema sostenido durante años.
Un sistema financiado con millones.
Un sistema ocultado deliberadamente.
Un sistema tolerado por quienes tenían la obligación de impedirlo.
Una corrupción sistémica.