Hoy analizando mi situación actual, me di cuenta que el real y gran problema soy yo, porque cuando quiero a alguien con todas mis ganas, me vuelvo muy disponible, muy accesible, muy vulnerable, muy fácil, no sé racionar mi forma de querer.
Si fuera una mujer interesada mi vida estaria resuelta desde hace años, pero no puedo dar un abrazo si no tengo ganas. Ni un te quiero si no lo siento.
Pasar tiempo sola, me hizo darme cuenta de que yo no quiero un novio; yo quiero un hombre comprometido con su crecimiento, que yo admire enormemente, que sea honesto, priorice la lealtad, quien me haga sentir cuidada, amada y que comparta mis valores y metas.