El año pasado, la primera edición de la revista de El Faro Mensual iba sobre las confesiones de Charli, el líder pandillero que fue socio de Bukele. Este año abrimos la temporada de revistas así. ¿Queda claro que investigar seguirá siendo lo nuestro? https://t.co/cO0kVVjPu2
Nombrar la colonización israelí no implica apoyar fundamentalismos, sino situar una verdad histórica, que es que Palestina no es una amenaza para Occidente sino su víctima.
Cuando se equipara la violencia del ocupante con la del ocupado se borra la asimetría de este conflicto. Israel es un Estado con ejército, financiamiento y legitimidad internacional, mientras Palestina es un pueblo despojado, sometido, cercado, aniquilado. No hay dos violencias comparables, hay una violencia fundante llamada colonización.
Por tanto, apelar a la universalidad de los derechos suena noble, pero en la práctica ha servido para justificar la selectividad de los duelos, de la vida y la impunidad del poder. No hay universalidad posible mientras la ocupación continúe y mientras los derechos se asuman nulos para quienes viven bajo el bloqueo y el exterminio.
Descolonización, dignidad y justicia para Palestina.
El director Alfonso López les pidió a sus músicos que tocaran ‘El Día de Mi Suerte’, de Willie Colón, como si se tratara de la Quinta Sinfonía de Beethoven. Este fue el resultado:
El bostezo. El bostezo del representante de Israel mientras el de Palestina se rompe recordando los miles de niños asesinados.
Ahí está todo: la crueldad fascista ante el dolor que su destrucción provoca. Ese bostezo que también representa la desidia del mundo ante el genocidio.
«Y es precisamente tarea de la filosofía
el revelar a los hombres la utilidad de lo inútil, o, si se quiere, enseñarles a diferenciar entre sentidos diferentes de la palabra utilidad».
Pierre Hadot
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