“Quiero que los colombianos se acostumbren a una nueva forma de hacer política. Un gobierno que hace lo correcto. Que respeta las instituciones” @ABDELAESPRIELLA
Así habla el Presidente de una Patria Milagro… Así se oye el futuro.
Lo fácil era comprar congresistas con #mermelada, como siempre. Lo correcto fue respetar la independencia del Congreso y decirle no a la corrupción. Ahora intentan vender como una derrota que @ABDELAESPRIELLA no haya comprado la presidencia de @SenadoGovCo. Se les olvida que el #Tigre prometió cambiar la política para siempre, NO repetir sus podridas mañas.
Son muchas las razones que nos ligan emocionalmente con Venezuela. Cómo olvidar que desde la década de los setenta y durante buena parte de los ochenta, cuando la bonanza petrolera convirtió a Venezuela en una de las grandes potencias económicas de América Latina, cientos de miles de colombianos encontraron allí oportunidades de trabajo y de vida. Muchos de ellos enviaban remesas a sus familias y ayudaron a sostener innumerables hogares en nuestro país.
Después vino la tragedia. Durante casi tres décadas los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro condujeron a Venezuela a una devastación política, económica y social sin precedentes en su historia contemporánea. Esa realidad nos acercó desde la solidaridad y la preocupación por un pueblo hermano.
En Colombia vivimos recientemente con el temor de recorrer ese mismo camino bajo el irresponsable y peligroso gobierno de Petro y la eventual continuidad de ese proyecto político. Apenas hace unos días celebrábamos no habernos convertido en esa Venezuela empobrecida, sometida y despojada de sus libertades.
Ahora es la naturaleza la que se ensaña con el pueblo venezolano. Las imágenes que llegan y los testimonios de quienes lo han perdido todo resultan profundamente desgarradores. Uno se pregunta cómo un país puede sobreponerse primero a una hecatombe política y social de semejantes proporciones y, poco después, afrontar una tragedia natural de esta magnitud.
Un mensaje de fraternidad difícilmente aliviará el dolor que hoy llevan millones de venezolanos en el alma. Pero el silencio sería aún peor. Las acciones emprendidas por el gobierno de los Estados Unidos encabezado por Donald Trump al comenzar 2026, despertaron la esperanza de que el régimen pudiera empezar a debilitarse. Sin embargo, ese impulso terminó enfriándose y las expectativas volvieron a diluirse.
Quizá este sea el momento para que la comunidad internacional vuelva a poner los ojos sobre Venezuela, no solo para atender la emergencia causada por el desastre natural, sino para comprender que la reconstrucción del país exige también una salida definitiva al estado fallido en el que ha sido sumido por un sistema canalla, que durante más de dos décadas ha condenado a todo un pueblo a vivir una tragedia en casi todas las dimensiones de la existencia.
Y así, con tono pausado, apariencia noble y expresión mojigata, Iván Cepeda anuncia que de ser presidente acabará con la independencia de poderes en Colombia.
Este señor es el auténtico peligro en esta elección. El NO debe ser presidente.
El problema no es solo que existan clérigos terroristas con turbante.
El problema es que haya políticos occidentales, con traje y con corbata, que —invocando cínicamente la palabra “paz” y por espurios motivos electorales— les permitan seguir ahí.
Lapidando mujeres, colgando homosexuales y financiando el terrorismo internacional.
Hoy, con @AlinejadMasih
#MujeresLibres
@gpp
Adiós 2021. Solo fue el azar quien nos concedió la suerte de no haber caído en las primeras batallas. A pocas horas de tu crepúsculo final, entre las ruinas y el abatimiento que has dejado, la vida de nuevo nos espera, un poco más sabios frente al asombro y la improvisación.