@MargaritaCamp13@AlexInostr6tgm@SilvanaNHR Inflación al alza
Desempleo al alza
Baja en las inversiones al alza
No está funcionando su famoso hoyo en el norte para controlar la inmigración
No sabe gobernar
Tiene a imbeciles sin experiencia laboral alguna en puestos relevantes
Tuvo una importante fuga de electores
@SilvanaNHR "Escucho a la gente que tiene la razón, pero prefiero seguir a la gente que obtiene resultados." Todo mal en esta BIO...🤣🤣🤣🤣🤣🤣 una FANATICA DE LAS METAFORAS
Mara:
Leí su entrevista en El Mercurio y deja una impresión curiosa: parece menos destinada a explicar sus 69 días como ministra que a corregir las consecuencias de aquello que usted misma dijo después de abandonar el cargo.
Hoy afirma: “Este es mi gobierno y yo voy a hacer todo lo posible para que le vaya bien”. Es su derecho. Puede mantener su adhesión al Presidente Kast. Pero la lealtad no modifica los hechos ni convierte declaraciones anteriores en errores de interpretación.
Cuando usted habló de presiones, conflictos y dificultades dentro del Gobierno, esas palabras no fueron inventadas por la oposición. Las pronunció usted. Si eran ciertas, explique qué ocurrió. Si fueron imprecisas, asúmalo. Lo difícil es sostener que contó honestamente su experiencia y, al mismo tiempo, responsabilizar a quienes entendieron aquello que sus palabras permitían entender.
Dice además que su lealtad al Presidente es “absoluta”. En democracia ninguna lealtad política debiera ser absoluta. La lealtad de una autoridad encuentra límites en la Constitución, la ley, los hechos y la responsabilidad pública. Lo absoluto pertenece mejor al territorio de los afectos personales que al ejercicio republicano del poder.
Y usted fue ministra, no integrante de un club de amigos.
También reconoce algo revelador: “Para no cometer ciertos errores debí haber chequeado cierta información”. Pero verificar información no era una precaución extraordinaria. Era parte esencial de su trabajo. Una ministra vocera habla en representación del Gobierno. No basta con recibir información y repetirla: debe contrastarla, comprenderla y responder por ella.
Por eso sorprende que su explicación termine encontrando refugio en un adversario externo. Según usted, la izquierda “se va a articular profundamente para atacar al gobierno del Presidente Kast y a nuestras ideas”.
Señora o señorita Sedini, una oposición se opone, por ello se le llama oposición. Pero además fiscaliza, critica, cuestiona y aprovecha políticamente los errores del Gobierno, como lo hace cualquier oposición cuando cambian los papeles. Eso no es una conspiración ni una anomalía. Es democracia. Usted lo hacía y vociferaba con megáfono en el espacio Sin Filtros, ¿o ya lo ha olvidado?
Más útil sería explicar por qué una ministra permaneció apenas 69 días en una cartera estratégica. ¿Qué falló? ¿Fue usted? ¿Fue el equipo presidencial? ¿Hubo efectivamente presiones internas? ¿Recibió información equivocada? ¿Quién se la proporcionó? ¿Continúa sosteniendo aquello que dijo después de abandonar La Moneda?
Esas preguntas permanecen abiertas.
También afirma que seguirá siendo “independiente”, aunque se declara oficialista, habla de “mi gobierno” y de “nuestras ideas”. Puede no militar y apoyar al Gobierno, por supuesto; pero eso es independencia partidaria, no política. Su posición está perfectamente definida.
Su entrevista contiene además referencias al cariño y a los vínculos personales construidos durante la campaña y el Gobierno. Pueden ser sinceros y valiosos, no lo dudo, pero el afecto no es una categoría de evaluación de la gestión pública. Los ministros se evalúan por competencia, resultados, criterio y responsabilidad.
Por eso la pregunta nunca fue si usted quiere al Presidente Kast. La pregunta es por qué dejó de ser su ministra después de 69 días. Y esa pregunta sigue sin una respuesta convincente.
Usted tiene todo derecho a continuar en política, ingresar a un partido, participar en centros de estudios, defender al Gobierno y librar la “batalla cultural” que estime conveniente. Pero existe algo que debería conocer especialmente bien quien alguna vez ocupó una vocería: las palabras no desaparecen cuando dejan de ser convenientes.
No fue la izquierda quien pronunció sus declaraciones anteriores. No fueron los periodistas ni quienes las comentaron. Fue usted.
Y antes de responsabilizar a quienes las interpretaron, corresponde hacerse responsable de haberlas dicho.
Atte.,
@Eneatipo7 / @MisColumnas