< propio belfo inferior aferrando con sus incisivos antes de asentir.
Y se deja llevar, asintiendo un par de veces.
— Está bien, lo haré yo. Venga, rapidito, así podemos volver a la cabaña y dormir juntos, que lo necesito.
Descansaba mejor cuando le tenía a su lado.
— Eso eres a mis ojos, Once..
Recalca, por si no le ha quedado claro. Porque daba igual la imagen que pudieran tener otros, o él mismo, sobre el contrario. A sus ojos, era perfecto, precioso, y eso era todo lo que le importaba. Podía ver más allá de lo que otros veían y estaba >
< seguro de sus palabras.
No va a mentir, siempre le resultará adorable lo poco discreto que es. Encontraba bastante fácil el poder leerle en situaciones así, donde su cuerpo era incapaz de ocultar lo que pensaba y su semblante era como un libro abierto. Se aguanta la risa, >
< lavar.
Y, pasando a despeinarle nuevamente, abre su mochila de la cual saca una tela y la pastilla casera que había creado.
— ¿Quieres empezar a lavarte tú o te lavo yo?
Ha sido capaz de percibir aquello, cosa que le arrebata tierna sonrisa, antes de pasar a apretarle un poco las mejillas.
— Eres precioso.
Susurra, antes de ver que volvía en sí y le regalaba rápida unión, correspondiendo por los escasos segundos que dura, antes de verse >
< nuevamente en el suelo, aprovechando para dejar también su mochila y el rifle a un lado.
Le ha hecho gracia la velocidad con la que ha efectuado aquello, asintiendo mientras tomaba su sudadera, no dudando en ponérsela y, a su vez, sacarse los pantalones que también planeaba >
< ropa impropia, por lo que asiente casi a los pocos segundos.
— Mhm, tengo frío...
Le sigue el juego, esperando a que le ceda aquella sudadera, pasando a tomarle ambas mejillas.
— Te ayudaré a bañarte.
Su risa, era la cura que tanto necesitaba para todo el estrés, inspirando profundamente en señal de paz, sin borrar su sonrisa. Puede entender eso de no sentir las zonas cicatrizadas.
— ¿Me vas a hacer un bozal? Lo estaré esperando, entonces.
Y le saca la lengua, intento de >
< molestarle en aquel juego que llevan siempre a cabo.
Ante esas acciones una vez dentro de la cabaña, mueve propia cabeza para morderle el índice cariñosamente, antes de escucharle y asentir. No ha entendido del todo sus intenciones, pero él mismo también adoraba llevar la >