La isla empieza a figurársele pequeña. Necesita moverse más, pero no por el desierto. Eso no lo quiere pisar. ¿Debería continuar averiguando sobre el acertijo de los ascensores? Duh.
⏤¿Hn?
¿Precioso? Para nada. Decir algo así de él era como... Hablar de un cocodrilo como un cachorrito de yorkshire. No tenía cabida en ninguna cabeza; mucho menos en la de Once.
Aun así, al girarse para reprocharle y verle de ese modo, se calló. Y no solo eso, sino que perdió
la mirada en las piernas de piel de perla que asomaban bajo su propia sudadera. El descaro ni se filtró, ni se controló, ni nada. Ahí se quedó un rato largo hasta que finalmente decidió moverse.
⏤Tú ⏤sentencia, incapaz de formular frases de más de dos palabras. La prisa se
cortocircuito. ¡Si es que tenía muchas cosas en la cabeza! Demasiadas. Pero como había recogido ya todo, podía continuar respirando en paz.
⏤Ya podemos.
Pareció tener un mini cortocircuito durante un par de segundos. Pensó en varias cosas a la vez, además de las acciones de Dos, y no pudo con todo al mismo tiempo.
Fue difícil situarse nuevamente con los pies en la tierra. Y cuando lo hizo, lo primero a lo que atinó a hacer fue a
estirar el cuello y plantarle un piquito en los morros. Después, le soltó.
⏤Vale. Ponte esto ⏤por supuesto que le tendería la sudadera casi a la velocidad del rayo. Sería apenas perceptible, pero a Once le brillaba la mirada de ilusión⏤. Lavaré esta. Y... Nada.
Otro