Hay dos reglas de oro en la democracia liberal (Przeworski):
1. El perdedor acepta los resultados que le son adversos porque confía en que el sistema le permitirá ganar más adelante
2. A pesar de estar en contienda las partes consideran que su oponente es legítimo.
No reconocer al presidente electo y llamar a la desobediencia civil es insistir en romper ambas reglas. Además abre la puerta para que si vuelven a ganar las elecciones les sean aplicados los mismos argumentos.
Algo parecido a lo que acaba de pasar con el nombramiento en Min Defensa. La izquierda no puede criticar el nombramiento de un ex militar en esa cartera justamente porque fueron ellos los primeros en abrir esa puerta.
Colombia lleva décadas discutiendo si el Estado debe ser más grande o más pequeño. La literatura reciente sobre gobernanza dice que esa pregunta está mal planteada: lo que determina el desempeño no es el tamaño, sino la capacidad institucional.
🧵Abrimos hilo con el análisis de Marcela Anzola
Our love of science and data is generally worthy; I’m no Luddite. But in corrupt bureaucratic systems, from politics to sports, more rules and more technology often only provide more opportunities for corrupt manipulation.
¿Y si en Perú echan una moneda y eligen presidente con cara y sello?
Por aquello de salir de esto rápido...
Igual, sea cual sea quien gane, en el Congreso ya le deben estar montando el proceso de destitución.
La izquierda ahora: No entiendo como pudimos llegar a esto. ¡Que desastre¡ Evidentemente la única opción que tiene el centro decente es unirse a nosotros. Abelardo es un peligro y un extremista. Estoy preocupado por el país. ¡Unidad ya!
La izquierda hace un año:
Colombia tiene mil problemas, pero tiene instituciones; eso nos ha salvado de caer en la debacle. Ahora ambos candidatos están poniendo en tela de juicio esas instituciones. Horas muy oscuras pueden venir si no salimos a defender el sistema electoral y la Constitución.
Los colombianos somos conscientes de los peligros del desorden: ineficacia del Estado, dominio territorial de actores armados, anomia, etc.; pero no conocemos los peligros del despotismo, de la tiranía. Y por evitar lo primero podemos caer, el domingo próximo, en lo segundo.
Algo que me apasiona, Pensar las ciudades, gracias a Santiago Murillo y SMART CITIES LATAM GROUP por construir estos espacios de intercambio y aprendizaje. Hoy 55 % de los seres humanos vivimos en ciudades, en 2050 seremos 75%. La ciudad el mayor invento de la humanidad.
Balance electoral. El deterioro de la democracia en esta campaña ha sido pavoroso: 1. Insultos, no debates. 2. Ataques anticipados y sin pruebas al organismo electoral. 3. Fantasma de un fraude no se sabe con qué intenciones. 4. Desaparición terminal de los partidos. El Liberal está disuelto. 5. Presencia de dinero en las campañas sin antecedentes. El control de gastos desbordado. 6. Utilización como nunca desde antes de los años cincuenta del poder del Estado a favor de un candidato. 7. Ataques a la prensa. 8. Los medios de comunicación del Estado al servicio de una candidatura de manera obscena. 9. Redes sociales anónimas destruyendo reputaciones de manera desenfrenada. 10. Inteligencia Artificial que ha liquidado la posibilidad de saber la verdad. Lo que era evidencia, ahora es ficción. COLOMBIA HA MARCHADO HACIA ATRÁS EN LA BÚSQUEDA DE LA DEMOCRACIA.
El que no para de hablar de “acuerdo nacional” es el mismo que incita a grafitear y vandalizar las casas y lugares de reunión de sus principales opositores.
Pero los “fascistas” somos los que pedimos el respeto por la separación de poderes.
La excesiva politización de la moral puede llevar al absurdo de buscar la derrota para presentarla como una muesta o evidencia incontestable de pureza. El historiador Malcolm Deas llamaba a esta tentación o desviación "narcisismo moral".
Una cosa es moralizar la política (una tarea que requiere ponderación y discreción), otra muy distinta politizar la moral, atribuirse de manera permanente y definitiva el papel de juez infalible.
La política es el reino del sesgo de confirmación: todo el mundo dice que la encuesta que le conviene es la mejor, como si todos fueran expertos en estadística y tuvieran la formación para evaluar cuál lo hace mejor.