Fui a la refri con ganas de un batido con bastante proteína.
Veo el bote de yogurt descremado que nunca compro, pero estaba allí.
Procedo a preparar el batido.
El bote tenía incaparina y no yogurt.
Hubo un minuto de silencio.
Todo cobró sentido…
Nuestro bienestar no existe aislado: también habita en la salud de nuestros vínculos.
A las personas amorosas que hacen mi vida más amable me gusta llamarlas ángeles. No porque sean perfectas, sino porque su forma de querer me recuerda que no tengo que caminar sola.
A lo largo de la vida conoceremos distintas versiones de nosotros mismos.
Explorarlas también implicará un duelo: despedirnos con ternura de quienes solíamos ser.
Pero no estás dejando de ser tú. Estás aprendiendo a habitarte de nuevo.
Hace un año iba camino a ver a mis gemelas favoritas. Hay personas que llegan a recordarte que un abrazo también puede ser un hogar. No sé cuándo las volveré a ver, y eso duele. Pero si algo me ha enseñado la vida es que siempre encuentra la forma de sorprendernos, aunque tarde.
No se me nota, pero estoy cumpliendo mi meta de ser la mujer más pacífica y tranquila porque ya viví en el enojo y la frustración, lo perdí todo, incluso me perdí a mí.
Cuando te das cuenta de que todo está carísimo y, aun así, Dios no ha permitido que te falte el alimento, un techo donde vivir ni que tus manos queden vacías.