Mi despedida de El Universal, mi artículo de hoy
“Obama: Del Yes we Can al arte de lo posible” fue el título de mi primer artículo publicado en este periódico. Tenía yo tantas cosas que decir sobre lo que pasaba en el mundo, y tan pocos lugares en donde expresarlas, que la oportunidad se me presentaba tan inesperada como increíble. ¿Quién era yo, después de todo? ¿Por qué las opiniones de alguien como yo podían merecer un espacio en un diario como este? Un espacio que, al menos en ese momento, como parte de una generación formada entre noticias en la prensa, la televisión y el radio, y que difícilmente entendía aún el poder de las redes sociales, consideraba yo como inalcanzable. Y, sin embargo, acá estaba una puerta abierta: un correo que me escribía Ricardo Raphael, entonces subdirector de Opinión de El Universal, invitándome a colaborar con temas internacionales: “¿Por qué no empezamos por una pieza?”, me decía.
De ahí en adelante, no me queda claro cómo se fue el tiempo. Se me vienen encima los eventos de la última década y media. Las toneladas de tinta. La velocidad con la que me obligaba a escribir los cientos de palabras para estar al día con lo que ocurría durante esos años. Ahí estuvimos con los análisis de las manifestaciones de la Primavera Árabe: Túnez, Egipto, Yemen, Libia y todos los demás. Ahí estuvimos cuando las protestas en Siria se tornaron guerra civil y cuando la guerra civil se tornó en guerra transnacional e internacional; cuando Bin Laden fue eliminado por Washington. Estuvimos con cada conmemoración de los atentados del 9/11. También cuando el terrorismo mutó, se desplazó, se extendió y golpeó de múltiples formas a miles de víctimas en países cuyos nombres difícilmente llegan a planas como estas. Cuando Al Qaeda en Irak se transformaba en ISIS y cuando ISIS conquistaba territorio en su región, y mentes y banderas por todo el planeta. Estuvimos ahí cuando Obama prometió el repliegue de Afganistán, también cuando no lo logró y también cuando a Biden se le salió de las manos la partida. Estuvimos ahí cuando los talibanes regresaron al poder.
Estuvimos cuando Trump prometió ganar la presidencia de su país y cuando nadie le creía; luego, cuando ganó; luego, cuando se fue sin quererse ir, y luego cuando volvió.
Estuvimos cuando la cooperación entre las superpotencias se tornó en rivalidad y confrontación, cuando su comunicación se rompió, cuando se movieron las alianzas, y cuando Rusia optó por invadir a Ucrania, la primera vez en 2014 y la segunda en 2022. Estuvimos en todas las fases en las que la guerra en esa zona del mundo se fue desarrollando. En las conquistas rusas, en las contraofensivas ucranianas, en la guerra de trincheras, tropas y tanques, y también en la guerra de misiles y drones, en las escaladas reales y en las retóricas, en las guerras de nervios. En los lamentos europeos por sentirse dormidos durante años. Estuvimos en sus “despertares”, como ellos los llamaban, en sus gastos militares aumentados, en la expansión de la OTAN y en la creciente falta de confianza en un orden internacional basado en leyes e instituciones que ya consideraban insuficiente para garantizar su seguridad.
Escribimos sobre la paz global, monitoreando, año con año, su deterioro, y especialmente su desigual distribución a nivel planetario. Intentamos, sin siempre lograrlo, hablar de varios de aquellos sitios en donde todo esto era manifiesto. Escribimos también en estas páginas sobre los choques entre Hamás e Israel en 2012, en 2014 y con todas sus intermitencias posteriores hasta culminar con el 2023 y todo lo que sobrevino. Escribimos sobre Sudán, sobre Etiopía, sobre el Congo y el Sahel. Escribimos sobre Venezuela, Colombia, Argentina, Chile, Bolivia, Cuba, Haití y Perú. Escribimos sobre la guerra de baja intensidad entre Israel e Irán que fue creciendo con los años, y ahí estuvimos también en la evolución de esa confrontación, en los detalles del proyecto nuclear y el acuerdo firmado por Obama, Irán y seis potencias más. Estuvimos cuando Trump decidió abandonar el pacto, también en cada una de las negociaciones posteriores. Estuvimos cuando todo escaló hacia distintas versiones de la guerra que hoy sigue sin terminar.
Escribí desde Hiroshima sobre Asia y Japón. Sobre la impresión de observar el crecimiento postraumático colectivo que alcanzaba a apreciar en esa sociedad. Sobre los deseos de tantos millones de que nada similar a las explosiones nucleares que ellos habían padecido pudiese volver a ocurrir. Escribí también, sin embargo, acerca de la cada vez mayor cantidad de personas menos confiadas en que ese era el camino correcto. Y que, así como sucedía en tantas otras partes del mundo, el orden internacional se percibía insuficiente, y Estados Unidos indispuesto a garantizar la seguridad de un país rodeado por tres estados nucleares.
Ahí estuvimos también cuando Kim partió, y cuando el joven Kim, su hijo, llegó. Estuvimos en cada una de sus pruebas nucleares y en sus ensayos con misiles. Estuvimos cuando Trump decidió cambiar las amenazas de “Fuego y Furia” por el diálogo y la negociación con el líder norcoreano. Estuvimos cuando esas negociaciones fracasaron. Estuvimos cuando Kim desapareció durante semanas y también cuando reapareció.
Estuvimos en la pandemia. Escribimos sobre los múltiples impactos geopolíticos que veíamos mientras el mundo parecía entrar en pausa. Pero también escribí cuando colapsé ante aquel reportaje sobre Bérgamo, Italia; cuando supe que el personal médico, seres humanos como cada uno de nosotros, tenían que negar camas a adultos mayores para salvar a personas más jóvenes, y, por tanto, decidir quién de las personas contagiadas vivía y quién no, como solo sucedía en las series, películas o novelas de ficción.
Esta frustración, también me llevó a escribir, ocasionalmente, desde un lugar diferente. Desde el tomar conciencia de que cada vez que escribíamos sobre todos esos temas, estábamos, al final, contando historias de personas de carne y hueso. Historias de seres humanos concretos, que nosotros simplemente transformábamos en abstracciones conceptuales o en cifras, o en temas de seguridad.
Escribimos de México y siempre desde México. Sobre la evolución de la falta de paz en nuestro país. Sobre el miedo y los efectos psicosociales por la violencia. Sobre la necesidad de movernos del discurso de aquellos años de “guerra contra el narco” hacia un discurso de construcción de paz estructural que incluía, pero no se limitaba a, la reducción de todas las violencias. Escribimos sobre las marchas del Yo soy 132, las protestas por los 43, sobre y desde los puños levantados en el 2017.
Escribí de todo eso y de tanto más, que no me cabe el espacio en la cabeza. Escribí en el impreso. Escribí en mi blog “Arenas Movedizas”. Escribí en el online. Escribí en las páginas de Mundo. Escribí y escribí, y hoy, por otros proyectos, dejo de escribir en las páginas que me abrieron la puerta cuando yo sentía que no era nada ni nadie, y cuando sentía que no merecía escribir.
Y tal vez toda esta reflexión me lleva justo a eso. De regreso a casa. Acá, a la tierra de donde somos. Para recordarme que usualmente no somos nada, o somos poca cosa, sin las relaciones que nos hacen conectar, las que nos abren puertas y nos ayudan a trazar caminos. Somos muy poca cosa sin las personas que nos miran a los ojos y nos regalan su sonrisa de vez en vez. Y que así, de vez en vez, confían en que quizás, en otro mundo o universo, de pronto, una pluma tiene alguna historia escondida que merece la pena ser escuchada.
Para mí, El Universal, desde aquel primer día en 2010 hasta este en que parto, está lleno de esas personas: personas que se han ido retirando con el tiempo y personas que siguen ahí trabajando cada día, que me han visto a los ojos para ofrecerme caminos y oportunidades. No he sido sin ustedes nada, durante todos estos años. No tengo palabras para agradecer a cada una y uno de ustedes y a la organización entera lo que han significado en mi carrera. Nos volveremos a encontrar.
.@jenarovillamil:
Tu pregunta insidiosa, mal escrita por cierto, exhibe tu pequeñez. Incapaz de argumentar prefieres el desdén que previniendo de ti, siempre será un halago. El trabajo de propagandista que desempeñas es cada vez más ineficaz porque todos sabemos quién es Villamil: un funcionario corrupto e ignorante que solamente encuentra paragón con @callodehacha.
Hoy en Palacio la furia se convirtió en ataque directo contra periodistas.
Para golpear a Sergio Sarmiento (@SergioSarmiento), desempolvaron archivos de hace 25 años y manipularon sus palabras en la mañanera.
De intachable trayectoria, Sarmiento explicó que mutilaron un video, presentaron como verdad lo que era falso y convirtieron opiniones en propaganda. Señaló que se mintió y se violó las reglas de ética que tanto se presume, atacando directamente la libertad de expresión.
@Javier_Alatorre con los #Hechos
Preciso, documentado, valiente, este texto revela la verdad incómoda sobre la guerra de Gaza: con toda lo dolorosa que fue, no fue un genocidio. Mi reconocimiento al autor y a la revista @nexosmexico
“El tequila es una especie de mezcal”, Sergio Vela
Recuerda cómo esta bebida pasó de un consumo popular a convertirse en un destilado reconocido internacionalmente
Destaca que su calidad y tradición la colocan entre las espirituosas más apreciadas del mundo
📹 @adnnoticiasmx
Tenemos que hablar de AMLO.
La crisis por la acusación de EUA contra su protegido, Rocha Moya, obliga a mirar bajo otra luz su presidencia.
No reabre una obsesión con el pasado: reclama una responsabilidad política que sigue vigente.
https://t.co/HpXHPTuwCP
La aventura de la lengua lleva a este premiado escritor a escribir de Vargas Llosa: “alguien a quien admiro mucho y que su obra supuso un cambio” en vez de “alguien a quien admiro mucho Y CUYA obra supuso un cambio”. En fin.
Hoy inicia un periodo extraordinario del Congreso mexicano que presagia malas reformas: incompletas, superficiales o de alto riesgo.
Algunos comentarios:
El Congreso fue convocado apenas el jueves pasado, sin que se conociera siquiera el contenido de todas las iniciativas. No hay tiempo para una discusión seria, para escuchar a expertos ni para mejorar los proyectos. Temas muy relevantes se quieren aprobar al vapor esta misma semana.
En la reforma judicial se corrige un problema inminente: la elección judicial de 2027 se mueve a 2028. Pero el problema de fondo permanece: las elecciones judiciales de 2030, 2033, 2036 y las siguientes coincidirán con elecciones de partidos. Peor aún: ahora habrá una misma casilla para votar por cargos políticos y por cargos judiciales.
Respecto a la comisión para revisar vínculos de candidaturas con el crimen organizado: ¿por qué la coordina el INE? Sería más sencillo que la FGR coordinara un grupo de trabajo con autoridades de seguridad, inteligencia y procuración de justicia para revisar candidaturas registradas por los partidos y emitir alertas cuando se detecten antecedentes penales o criminales.
La revisión de antecedentes será voluntaria para los partidos. Además, no se dice nada sobre la captura de candidaturas durante las campañas —como ocurrió con Rocha Moya— ni sobre cómo blindar campañas y votaciones frente a la interferencia del crimen organizado. Ojo: si estas reglas hubieran existido en 2021, Rocha habría sido candidato de todos modos. No tenía antecedentes; pactó con Los Chapitos durante la campaña.
La causal de nulidad por intervención extranjera tiene enormes deficiencias. Si el INE ha sido incapaz de detectar grandes porciones de financiamiento ilegal en campañas dentro del país, ¿cómo va a detectar financiamiento del extranjero? ¿Cómo identificará el origen de campañas en redes sociales o ciberataques? ¿Cómo probará operativos de cubanos, rusos o estadounidenses si actúan como agentes encubiertos o contratan intermediarios mexicanos? ¿Se dará al INE capacidad de investigación global, como si fuera una agencia de inteligencia? Pero, sobre todo, ¿qué criterios se usarán para definir si una expresión, un posteo en X o una declaración tiene la “intención” de influir en las preferencias electorales y, más aún, si fue determinante para el resultado?
La ambigüedad puede ser explosiva. Si México pierde el grado de inversión en 2027 y eso provoca una devaluación, alguien podrá acusar “presión económica” para debilitar al gobierno —causal de nulidad conforme a la iniciativa—. Si Trump decide sacar a Estados Unidos del TMEC y eso mete a México en recesión, algún candidato podrá alegar “presión diplomática”. Si un “agente privado” —una empresa, un fondo de inversión o una persona— expresa preocupación por la falta de certeza jurídica en México, alguien podrá pedir la nulidad. Incluso nuevas solicitudes de extradición podrán ser leídas bajo esa lógica.
La iniciativa parte de un supuesto ofensivo: que los electores mexicanos son fácilmente manipulables por potencias extranjeras. Si el pueblo es “mucha pieza” y si “el pueblo manda” en México, ¿por qué ahora se le presenta como una masa vulnerable a cualquier declaración, tuit o campaña externa? Cuando una sociedad detecta una intromisión indebida, como ocurrió en Hungría o Canadá, quien intenta intervenir a veces termina beneficiando al adversario.
La iniciativa es un galimatías jurídico que afectará el papel de México en un mundo globalizado, complicará la relación con Estados Unidos y alimentará un discurso soberanista y nacionalista que cosechará mala vibra fuera del país. Llega al extremo de darle al Tribunal Electoral la misión de defender la “soberanía nacional”.
Se podrá acusar a la oposición de beneficiarse de actos “intervencionistas” y llamarla traidora a la patria. El artículo 25 de la Ley General de Partidos Políticos ya obliga a los partidos a rechazar “toda clase de apoyo económico, político o propagandístico proveniente de extranjeros”. En combinación con la reforma propuesta, esa disposición podría usarse para acusar a cualquier partido de “vendepatrias” y buscar incluso la pérdida de su registro.
Es probable que el propósito sea repartir lodo. Si unos son acusados por vínculos con el narcotráfico, otros podrán ser acusados por traición a la patria. Si a unos se les abren investigaciones en Nueva York, a otros se les podrá amenazar con quitarles el registro como partido político en México.
El resultado puede ser muy grave: una reforma que dice defender la soberanía, pero que afecta la interlocución con el mundo y que puede convertirse en un instrumento para judicializar elecciones, perseguir adversarios y desconocer resultados incómodos.
Cada vez que lean o escuchen a un analista que diga que urge una “reforma fiscal” (aumentar y crear impuestos) en México, mejor cámbienle.
El problema del gobierno es el imparable derroche. No importa cuánto recauden, siempre dilapidan aún más.
La enfermedad es de gasto
'¿De qué color pinta el verde?' se titula la exposición que presenta Juan Villoro en El Colegio Nacional en el marco del ambiente mundialista. @ColegioNal_mx#TrendingREFORMA https://t.co/lziZvGfeoD