En 2013, una Hostia consagrada cayó al suelo en una iglesia de Polonia. Lo que ocurrió después es uno de los fenómenos eucarísticos más impresionantes de los últimos años.
La Hostia fue colocada en agua, siguiendo el procedimiento habitual.
Pasaron aproximadamente dos semanas.
No se disolvió por completo.
Apareció una zona rojiza que posteriormente fue analizada por especialistas.
Los estudios identificaron tejido compatible con músculo cardíaco humano, con características descritas como propias de un tejido en agonía.
En 2016, el obispo de Legnica autorizó la veneración de la reliquia, presentando el acontecimiento como un fenómeno con características de milagro.
Para un católico, esto no crea la fe en la Eucaristía.
La fe ya nos enseña que, después de la consagración, Cristo está verdaderamente presente: Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
Pero acontecimientos como el de Legnica nos recuerdan algo que fácilmente olvidamos: detrás de esa pequeña Hostia está Cristo.
Y si realmente lo creemos, nuestra forma de acercarnos a la Eucaristía debería cambiar por completo.
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Miguel Herrera: “Si mi abuelita tuviera capa, sería Super Abuelita y a lo mejor no se hubiera muerto, hubiera sido de acero”
Momentos sublimes del futbol mexicano jajajaja.
En los últimos días han llamado la atención dos imágenes.
Primero, el 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝘂𝗺𝗼𝘀 (Gironda, Francia), que permaneció en pie tras el devastador incendio que arrasó la zona.
Después, en el 𝗦𝗮𝗹𝗲𝗻𝘁𝗼 (Italia), una escultura de Cristo tallada en un olivo muerto por la Xylella sobrevivió al fuego mientras el paisaje a su alrededor quedó reducido a cenizas.
¿Son milagros? La Iglesia siempre ha sido prudente antes de llamar “milagro” a un acontecimiento. Y nosotros también deberíamos serlo.
Pero sí hay algo que estas imágenes nos recuerdan.
El fuego puede consumir bosques, templos o esculturas. Lo que nunca podrá consumir es el mensaje de la Cruz.
Cristo no vino a prometernos una vida sin llamas. Entró Él mismo en el sufrimiento para vencer aquello que parecía tener la última palabra: el pecado y la muerte.
Ver un crucifijo en pie entre las cenizas es, al menos, una poderosa imagen de esa verdad: cuando todo parece perdido, la esperanza cristiana permanece.
Porque, al final, no es la madera la que sostiene a Cristo. Es Cristo quien sigue sosteniendo al mundo.
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Es la mejor guinda posible a la decrepitud de este narcisista de mierda.
Se va tirando mierda a su propia selección, y dejando una frase histórica para la posteridad.
El ídolo perfecto para una legión de anormales. Eterno acomplejado. Que GOZADA, joder.
Estas son las facetas antipáticas de Cristiano. Primero, parece atribuirse solo a él la Euro 2016 cuando miró la final desde el banco, sin ser nada decisivo. Después, dice que vale lo mismo que un Mundial, cosa que todo el planeta sabe que no es así, por lo que intenta salvar su sueño frustrado con una mentira. Y, finalmente, algo que no dice pero que también lo sopapea: la mejor actuación de Portugal en Mundiales fue en 1966, mucho antes de que él naciera. Es decir, no logró superar a Eusebio y compañía, a pesar de contar con 6 oportunidades. Grandeza evidente adentro de la cancha, mediocridad y autoengaños afuera. Triste
La depresión de los 25/30 es entender que nadie viene a rescatarte.
Ni una pareja, ni un trabajo, ni un golpe de suerte.
Sos vos, con lo que hiciste y con lo que no.
Un trabajador de la obra me contó que para el Mundial México 86 compró el paquete de todos los partidos del Estadio Cuauhtémoc. Le costó unos $4,000 pesos viejos (aprox. 3 días de salario mínimo). Vio 5 partidos, incluido uno de Maradona
Hoy el Mundial es prácticamente impagable