Un hombre denuncia que fue abusado sexualmente durante su infancia. Cuando por fin habla, el presunto agresor —su propio tío— no enfrenta un juicio: huye del país con ayuda de su familia. Se va a España, lo esconden, lo financian, lo acompañan. México pide la extradición. España responde con una palabra brutal: prescripción. El delito queda sin castigo penal. Punto final. O eso parecía.
Pero la historia no terminó ahí. Ante el portazo del sistema penal, la víctima toma otro camino: el civil. Demanda por daño moral no sólo al agresor, sino a quienes lo ayudaron a escapar. Y entonces pasa algo inusual: un juez ordena embargar de forma precautoria las cuentas, bienes y fideicomisos de la familia. No porque ya estén condenados, sino porque existe un riesgo real de que, como el agresor, el dinero también huya.
El mensaje es durísimo y necesario: la impunidad no es sólo el delito, es todo lo que viene después. Ayudar a huir a un pederasta, esconderlo, pagarle abogados, no es “asunto de familia”. Si eso se prueba, también causa daño. El caso apenas empieza y deberá pasar el filtro del debido proceso, pero algo ya cambió: por primera vez, el silencio y el encubrimiento dejaron de salir gratis.
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Tuve el privilegio de rendir mi discurso de ingreso a la Academia Mexicana de Ciencias Penales, que me fue respondido por el académico emérito Jesús Zamora Pierce. Muy honrado por pertenecer a tan relevante sociedad científica.
@DavidFaitelson_ ya no digan tantas pen… jadas del @CH14_ fue un gran jugador y es una gran persona con tiene derecho a equivocarse, parece programa de las lavanderas