Jamás se me ocurriría humillar a una madre, pero me molesta mucho que se desentiendan totalmente de sus hijos, que practiquen la ley del mínimo esfuerzo o que paguen sus frustraciones con el profesorado o con sus hijos.
Admiro a las madres, pero detesto a las chungui-mamis.
Como en toda huelga, hay daños colaterales: para el taxista, conductores atascados; para el controlador aéreo, pasajeros cabreados; para el médico, paciente postergado; para el maestro, padres que no saben dónde meter a sus angelitos.
Las huelgas no se ganan por simpatía popular, sino forzando la mano al empleador (el Estado, en este caso), haciéndole ver que el daño producido por el cese de actividad es mayor que aceptar todas o una parte de las reivindicaciones. El resto es accesorio.
Desde luego, no se puede plantear una huelga de profesores subrayando lo imprescindibles uno se cree y esperando que la sociedad te vaya a apoyar. No sucederá; al revés, saldrán a la luz tópicos y frustraciones hondamente arraigados.
He sido profesor de instituto 37 años y nunca he percibido que fuéramos un colectivo especialmente apreciado por la sociedad. Al contrario, suscitamos envidias por nuestro horario, vacaciones y seguridad laboral. Hay que aceptarlo así, con naturalidad.
@pparagon Siempre cizañando, para variar. Las familias tienen derecho a elegir; matricularse en 1 de las 2000 plazas de bachillerato público o escoger un centro privado donde pagar lo que tenga en sus tarifas ese centro.
No se puede pagar el capricho de algunos con el dinero de todos.