Esto me pareció hermoso. También podemos contarnos a los nuestros, reclamar las propias historias (no legarlas a los medios ni al capricho de la turba). Que las imágenes de Yulixa no sean las de la mujer agonizante y deshumanizada, sino estas, con el brillo pleno de su vida.
Un joven francés ha realizado una prueba en distintos países para ver cuánto tiempo tarda en desaparecer un ordenador cuando se deja en un lugar público, y los resultados obtenidos en China lo dejaron sin palabras.
Anteriormente, los resultados de la prueba habían sido de 8 segundos en París, 12 segundos en la India y 25 segundos en Nueva York.
Ahora sí hablemos en serio de la foto. Este es un trino para interesados en fotografía, astrofotografía y el que quiera ¿Por qué esta foto es increíble? Algún conspiranóico, dándoselas de suspicaz, preguntó que por qué esta foto tomada por el comandante del Artemis II se veía más opaca que la foto tomada por la tripulación del Apolo 17 en 1972. Bueno. Acá viene lo emocionante. Esta fotografía hubiera sido imposible tomarla con una cámara análoga; y no cualquier cámara digital puede tomarla. El archivo original de esta foto está disponible para su descarga en la página de la NASA. En las propiedades del archivo se puede ver con qué cámara fue tomada y los ajustes de exposición que se usaron. Hasta el serial de la cámara. Esto, primero que todo, garantiza que la foto que estamos viendo no fue creada digitalmente, ni con IA, sino capturada por una cámara real por un humano. Sé que no es suficiente argumento para los conspiranóicos, pero ni modos. Esa que está ahí es la Tierra. Ahora sí lo interesante. ¿Por qué se ve como más opaca que la del 72? porque resulta que en la cara de la tierra que vemos en esa foto, está de noche; si hacen zoom pueden ver el brillo de la iluminación nocturna. Pero ¿cómo, si es de noche, puede verse como si fuera de día? Porque la foto se hizo con un altísimo ISO de 51200! El ISO es la sensibilidad del sensor a la luz. Con la mayoría de cámaras digitales, con ISOs de más de 6400, el ruido es tanto que la foto se ve prácticamente ilegible. Pero la cámara que tiene el comandante Reid Wiseman es una NIKON D5, que no es una cámara muy nueva; tiene 10 años de haber sido lanzada. Pero su sensor es reconocido por garantizar una calidad decente de imagen con ISOs altos. Y eso, para los que siempre preguntan cómo se hace una buena foto del cielo, es fundamental ¿Por qué? Pues para poder tomar fotos de los astros sin tener que bajar mucho la velocidad de exposición. Porque si bajas mucho la exposición apra que entre más luz, queda capturado el movimiento de los astros y de la rotación de la Tierra, cuando estás en la Tierra. Así que un iSO tan alto hizo posible que Wiserman pudiera disparar a una velocidad de 1/4 de segundo. Que es baja, pero no tanto. Es digamos, el límite para la astrofotografía. Por eso esta foto tiene ruido, porque de todas formas es un ISO altísimo.
Pero lo que más me emociona a mí, es que la tomó con un lente 14 -24mm F2.8. Es decir, en terminos coloquiales, que esta foto no tiene zoom. Para que lo dimensionen: cuando uno quiere tomar una foto de la Luna desde la Tierra que salga así de "cerca" tiene que usar un lente de unos 400mm de distancia focal. Wiserman usó un ¡gran angular de 22mm! Es decir que él estaba viendo la Tierra asi de grande frente a sus ojos. Porque la foto no fue recortada en edición y eso lo sabemos porque en las propiedades del archivo siempre aparece cuando una foto fue editada. El archivo está limpio, tiene la resolución original de la cámara. La tierra era inmensa frente a su mirada. Hermoso.
Pero para mí lo más mágico de esta foto, incluso más que las auroras boreales, es que se ve como la luz de sol, que está del otro lado de la tierra, ilumina nuestra atmosfera. Y eso es magia pura, porque esa atmosfera tiene una composición milimétricamente perfecta para permitir que la vida, tal y como la conocemos, sea posible. Esta foto, es un regalo precioso para la humanidad.
Les dejo al link para que descarguen la foto en alta resolución y el pantallazo de las propuedades del archivo.
No los perdono
Por: @CamilaAvril
Lo abrazan y le dicen que lo perdonan, y los tres lloran,
[lloramos].
Perdonan que él hubiera ordenado el asesinato de su padre, John Darío Giraldo Quintero: una guía lo señaló, él intentó escaparse, lo persiguieron, le dispararon, lo hirieron en la cabeza, caminaron con él durante horas, lo asesinaron y lo presentaron como guerrillero muerto en combate.
No lo era.
Yésica Natalia Giraldo Marín, su hija, tenía cuatro años. Era 6 de septiembre de 2003.
Ella y su abuela, Rosalba Quintero, le dicen que lo perdonan: ustedes asumiendo su responsabilidad y nosotros enfrentando este dolor, como muestra de nuestro perdón real y sincero, queremos brindarle un abrazo, si lo permite y si lo desea.
Y él se lanza al suelo, a sus pies, y ellas lo abrazan, y lloran y él dice, perdón, y ella dice, perdonado, y ella dice, este es un momento que nosotros necesitábamos para poder sanar y salir de este dolor, y él dice, yo también necesitaba esto con todo mi corazón, y ella dice, nosotras también, y él dice, perdón por causarles tanto dolor y sufrimiento, y ella dice, le aceptamos ese perdón.
Quizá esta historia me conmueve porque desde hace días vengo pensando en qué es el perdón.
Tal vez lo he confundido con venganza: cuando era niña quise encontrar al asesino de mi papá, mirarlo, preguntarle por qué. Quería la verdad, pero también que estuviera en la cárcel.
Pronto, sin embargo, entendí que la venganza no era el camino: nunca, nada, hace que un muerto regrese. Lo entendí: no quiero vengar al padre. No quiero (porque no soy una asesina) matar a nadie por represalia. No creo que este país necesite gente que vengue a alguien porque esa ha sido también una razón de esta guerra in-continuum.
Tampoco es que hubiese cómo saber quién lo mató. La justicia en este país se queda en el archivo de las diligencias porque “como quiera que no fue posible identificar o individualizar a persona algunas como presunto autor o partícipe del hecho punible, al igual que no fue posible establecer los móviles del mismo (SIC)”.
Entonces empecé a decir que perdonaba a ese que mató al papá, y lo perdonaba por una razón egoísta: estar tranquila. No quería cargar con las ganas de venganza, con tantas preguntas, cuando tenía la respuesta importante: un muerto.
Supongo que tenía que ver con la culpa judeocristiana, con eso de que perdonar nos abre las puertas del cielo.
Supongo, sobre todo, que también he confundido el perdón con rencor. Perdonar para no sentir rencor. Pero el rencor es otra cosa y quizá eso fue lo que hice hace muchos años, dejar de sentir rencor por quienes asesinaron al papá. Es que no tengo ningún sentimiento: ninguno.
Y lo que he estado pensando estos días, justamente, es que no lo he perdonado ni lo quiero perdonar, y que lo que más me interesa es la palabra olvido: no creo en el olvido porque a los muertos hay que recordarlos, visibilizarlos, reconocerlos: los mataron (o los desaparecieron o…). Más en este país en el que tantos tratan de esconder los hechos, de negarlos, de olvidarlos.
Así que no quiero olvidar que al papá, a Eduardo Quintero, lo mataron en este país por ser un líder social de izquierda, pero también quiero reconocer (yo, Mónica) que no perdono, porque no quiero perdonar al que disparó ni al que lo mandó a matar. Que no les limpio su consciencia. No los perdono porque hay cosas que no son perdonables, y que eso no me quita la tranquilidad porque no lo maté. Lo mataron ellos.
Solo he sido lo que hay después.
Todo esto lo venía pensando hasta que vi a Yésica y a su abuela perdonando a ese hombre, sentí la sinceridad de sus palabras, y me he preguntado por qué no he cambiado de opinión, si tanto me conmueve, y la respuesta es justamente esa: la verdad.
Hay en ese abrazo algo muy importante para que el perdón sea posible: además de que él pide perdón, Yésica le dice al final: gracias por habernos contado la verdad y por haber estado en frente de nosotras, y esperamos siga colaborando en muchos casos para que muchas familias puedan tener esta sanación.
Ya también se lo había dicho, y hay que repetirlo: ustedes asumiendo su responsabilidad y nosotros enfrentando este dolor.
La verdad es importante (el trabajo que hace la JEP es importante), y también la responsabilidad asumida, que quede claro que su papá no era un guerrillero, que lo mataron.
Pero en mi caso, y en muchos, no hubo ni ha habido verdad.
No tenemos a nadie a quién perdonar: no sabemos el quién.
Y quizá lo que quiero decir es eso: que está bien. Que el perdón es un acto de amor importante, pero que no siempre es posible, y está bien. Eso no significa que no podamos sanar ni dejar de sentir rencor. Eso no significa que no sanemos. Sanamos. Porque con los muertos pasa eso, que seguimos viviendo, pero son parte de lo que somos.
El perdón necesita más reflexiones y menos culpas.
También necesita un quién.
Pero sobre todo, ojalá esa imagen del abrazo se repita. Que sea una constante.
Nosotros, todos, también lo necesitamos.
"Haz cosas. Mantente concentrado, curioso. No esperes el empujón de la inspiración ni el beso de la sociedad en la frente. Presta atención. Se trata de prestar atención. La atención es vitalidad. Te conecta con los demás. Te llena de entusiasmo". Susan Sontag
Esta semana, en una pausa obligada de la campaña por un accidente, vi Estado de Fuga 1986 en Netflix. Aún me acompañan las actuaciones de Andrés Parra y Consuelo Luzardo. Hay interpretaciones que no se apagan cuando termina el capítulo, se quedan en la cabeza y en el pecho.
Es importante conocer nuestra historia, nuestras narrativas, incluso las más dolorosas. Pero también es justo decirlo: sin buenos actores, sin arte verdadero, no viviríamos estas experiencias con la misma profundidad. Me quito el sombrero. Frialdad, ternura, rabia, compasión… muchas sensaciones atravesaron esos capítulos.
En el último episodio hay una escena poderosa: la idea de imaginar qué habríamos hecho para evitar una tragedia. Ante el sufrimiento, a veces el último refugio es la mente, la fantasía íntima de haber hecho bien las cosas, de haber elegido distinto.
Tal vez por eso el arte es tan necesario: porque nos permite ensayar, sentir y pensar lo que como sociedad aún debemos aprender a hacer mejor. @SoyAndresParra
#ENTREVISTA | Interpretar a Camilo León fue una experiencia que dejó una marca profunda en José Restrepo. El actor, quien encarna al joven escritor en la serie Estado de fuga 1986... https://t.co/WREnrlOkwh #EstadoDeFuga1986#JoséRestrepo#CamiloLeón#Entrevista
La miniserie ‘Estado de Fuga’, estrenada el 4 de diciembre, fue grabada en varios escenarios de Bogotá, entre ellos la Biblioteca Virgilio Barco.
La producción aborda un hecho ocurrido en la ciudad en 1986 y conecta con la obra literaria de Mario Mendoza, autor de Satanás.
https://t.co/VSirAvXyrE
Acabo de terminar Estado de Fuga 1986 en Netflix y quedé sin palabras.
Basada en hechos reales, Andrés Parra de protagonista, 8 eps.
Me tardé en terminarla porque la historia está tan bien montada que te perturba.
Las 20 series y miniseries en español que definieron 2025 - Hollywood Reporter // Estado de fuga 1986 se estrenó el 4 de diciembre y por el impacto que tuvo alcanzó a ser incluida en este listado. 🥳🥳🥳 https://t.co/Adr1nT5DHl
Wooooshhhhh seriesota
Y que actuaciones!! Carolina Gómez 1000/10 mejor dicho, tiene que verla. Saltos temporales, historias paralelas, la narrativa, los planos, la fotografía... Todo hace que esta serie sea absolute Cinema amigues. Se llama "Estado de fuga" y está en Netflix.
José Restrepo, protagonista de la serie de Netflix 'Estado de fuga 1986', nos habla sobre qué aprendió de sus compañeros Andrés Parra y Carolina Gómez. Vea la entrevista completa en nuestro canal de YouTube.
La escritura también es caos. #Estadodefuga 1986 @Netflix. Mario Mendoza escribe sobre el proceso creativo del desarrollo de la serie. https://t.co/dyTv8T5Isa