La cultura no puede ser rehén del odio
Hoy es Domingo
Un dia para quienes somos católicos que nos invita a reflexionar y creo que es adecuado despues de lo que vivi ayer, en el dia del Patrimonio.
Fui a ver La Pérgola de las Flores, una de las obras más queridas y representativas de nuestra identidad cultural. Una obra popular, luminosa, profundamente chilena. Pero antes de que comenzara la función, ocurrió algo que no puede normalizarse.
Durante cerca de quince minutos, un grupo de personas del público se dedicó a insultar a autoridades presentes en el teatro. Gritaron “ladrones”, “ratas”, “fachos”, “váyanse”. Lo hicieron -incluso- mientras la presentadora intentaba dar inicio a la función. No dejaron hablar. No dejaron escuchar. No dejaron que el resto del público pudiera vivir en paz el inicio de una obra que pertenece a todos.
Lo más triste es que no fue un acto de valentía. Fue un acto bajo y cobarde.
Porque la valentía democrática no consiste en gritar desde una butaca, en patota, protegidos por el anonimato del tumulto. La valentía democrática consiste en dar la cara, argumentar, debatir, sostener ideas, discrepar con respeto y hacerse responsable de las palabras. Chile necesita crítica, por supuesto. Necesita fiscalización, necesita opinión, necesita ciudadanos activos. Pero nada de eso justifica la agresión verbal ni la degradación del otro.
La democracia no se cuida solo en el Congreso, en los Tribunales o en las Elecciones. También se cuida en la forma en que nos tratamos en la vida cotidiana. En un teatro. En una plaza. En una universidad. En la calle. En cada lugar donde convivimos con personas que piensan distinto.