—Me ofendería cada vez que dices eso, pero te veo sonreír, y se me pasa. —Admite, muy honesto consigo mismo, y contagiado de la misma curvatura en los labios. Unos que decidió guardar para ella, en algún que otro momento. —Lo sé. Y me gusta que seas de esa forma.
Grita por dentro, rodando los ojos.
—Bueno, no pasa nada porque un amigo conozca a qué sabes. Es por mero sello de calidad. ¿Crees que te dejaría besar a cualquier? Pfft. No chica. Los hombres son una mierda.
Ríe.
—Si veas a tocar con los labios a alguien, que sea a mí. Principalmente porque me ofendería que sea otra persona, y secundariamente porque me enfadaría que no sea yo.