Tu pareja será quien te ayude a navegar la pérdida de tus padres. Las crisis de la vida, y todos los futuros traumas, enfermedades y contratiempos. Elige a alguien amable, agradecido, amoroso, paciente y sobre todo, leal.
SOLO ME PREGUNTO CÓMO se supone que las MAMÁS deben trabajar de 9 a 5, dejar a los niños en la escuela a las 8 a. m., recogerlos a las 3 p. m., estar al tanto de las actividades escolares, preparar las comidas, cocinar la cena, mantener la casa limpia, lavar la ropa, llevar a los niños a actividades extracurriculares, ascender en la escala corporativa, guardar los días de enfermedad para cuando los niños estén enfermos, ser una buena amiga, hija y compañera, todo mientras intentan cuidar su propio cuerpo y salud mental...
Si hay algo que he aprendido del duelo, es a tomar fotos. Toma fotos de todo, en todas partes, de cada persona que amas y de cada recuerdo que quieras conservar. Porque en algún momento, eso será todo lo que te quede y es la única manera en la que te sentirás cerca de ellos
«La insatisfacción de los humanos, ese querer siempre algo más, algo mejor, algo distinto, es el origen de innumerables desdichas».
La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero.
«Fulano aún no se ha recuperado de la muerte de Mengana. Como si se tratara de una hepatitis (pero no te recuperas nunca, ese es el error: uno no se recupera, uno se reinventa).»
La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero.
cómo es el duelo, un día estás en tu cuarto doblando un pantalón tranquilamente y de repente estás en llanto porque caes de nuevo en la realidad de q el resto de tu vida va a seguir sin esa persona que murió
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
"No hay manía más funesta, ni capricho más peligroso, que la especulación o la conjetura sobre los caminos que no tomamos".
Juan Gabriel Vásquez - El ruido de las cosas al caer
“Habituarse a una hermosa risa humana, a un cuerpo vivo, cuesta muy poco. Dejar partir, en cambio —dominar el arte de perder—, cuesta la vida.”
― Leila Guerriero, Teoría de la gravedad