Entre los reflejos de los canales venecianos, dos almas recorren silencios, buscando en la bruma del atardecer aquello que el eco del agua aún no revela.
En campos marchitos, susurran adioses,
flores muertas, lágrimas en sus pies.
Petálos que fueron sueños, ya se van,
en jardines de sombras, sin renacer.