Hoy volví a llorar, a veces el corazón
se queda sin palabras y solo sabe llorar. Lloré porque todo pesa, porque el miedo se me sentó al lado y la ansiedad me apretó el pecho como si quisiera recordarme que todavía estoy aquí. Volví a llorar porque no sé bien hacia dónde ir.
Y nunca hay que dejar de ser amable. Yo no soportaría ser la razón por la que alguien se salta una comida, odia despertarse o se siente excluido. Aprendí a ser muy consciente con que mis palabras y acciones pueden llegar a permanecer con las personas para siempre.