Si van a hablar mal de mi ojala nunca los haya dejado en la puerta de sus casas, no les haya prestado dinero, hecho favores, pagado cenas, regalos y no les haya abierto las puertas de mi corazón, por que en boca de malagradecidos y doble cara no quiero estar.
Hay personas que no saben apreciar nada, y esa es su verdadera condena. Tienen cerca a gente valiosa y la tratan como si fuera reemplazables, como si siempre hubiera tiempo. Pero cuando despiertan, ya no queda nadie esperando, porque incluso la paciencia más noble se agota y hasta el corazón más leal termina rompiéndose. Esa es la tragedia de quienes nunca aprendieron a agradecer.