El beso no fue urgente. Fue preciso. Contenido, pero cargado. Como si por fin todo encajara. Seungcheol lo agarrΓ³ del cuello con una mano firme, lo atrajo y lo besΓ³ con una lentitud que quemaba.
Se miraron. No fue una mirada intensa ni dramΓ‘tica. Fue simple, inevitable. Como las otras veces. Como cuando Sunghoon se le habΓa quedado un poco mΓ‘s cerca en la excursiΓ³n al cerro, o como esa noche en el boliche, cuando lo habΓa mirado desde la barra sin decir nada.
El viaje ya era historia. Las mochilas arrastradas como si pesaran el doble, los mates sin ganas, las ΓΊltimas fotos con cara de dormidos, todo eso iba quedando atrΓ‘s. El grupo, medio desarmado, deambulaba por el aeropuerto con esa sensaciΓ³n amarga de final.