Ser una chica que entrena es una locura.
Una semana estoy convencida de que estoy grande, definida y una máquina de fuerza.
La siguiente semana estoy hinchada, cansada y me siento como una papa.
Dios proveerá. No sé cómo, no sé cuándo ni con quién, pero sé que Él abrirá camino. Y cuando lo haga, será de la mejor manera, porque todo lo que Dios provee es bueno y perfecto.