Adicto a las noticias en general y la economía en particular.Apasionado de la gastronomía y recetas, viajes, fotografía, arte y un variopinto etcétera.
As a Dutchman, Spain occupies a strange and wonderful place in our history.
We fought an Eighty Years' War against the Spanish Crown, built part of our national identity around that struggle, and still teach names like William of Orange, Philip II and the Duke of Alba in school. You would think that might make Spain the historical villain in the Dutch family story.
Instead, I feel an enormous affection for the country.
Spain is one of Europe's great civilisations. Romans and Visigoths, centuries of Islamic rule, the Christian kingdoms and the Reconquista all left their marks there. Then came the Spain of Columbus, Magellan's expedition, conquistadors and an empire that connected Europe with the Americas and Asia on an extraordinary scale.
Spanish influence is still visible across much of the world. Hundreds of millions speak the language. Cities thousands of kilometres from Madrid carry Spanish names. Spanish architecture, religion, law, food and customs crossed oceans and became woven into entirely new cultures.
And then there is Spain itself.
Old plazas that come alive in the evening. Churches and cathedrals standing where generations before us worshipped. Families taking their time over food. Tiny bars where several plates somehow become dinner. Football treated with the seriousness of a minor religion, local festivals that can involve anything from solemn processions to people being chased through streets, and villages that still seem intensely proud of being that particular village.
I admire that.
The Dutch and Spanish have a particularly interesting relationship because our histories are tied together through both conflict and exchange. The Habsburg Netherlands were ruled by the same monarchy that ruled Spain, and our revolt against Philip II eventually became the long struggle from which the independent Dutch Republic emerged.
There was terrible violence on both sides. Spanish troops sacked cities in the Netherlands, while the Dutch revolt produced its own brutality. Our ancestors weren't especially talented at conducting polite disagreements.
Yet the story didn't end in 1648 when Spain finally recognised Dutch independence.
Over the centuries that followed, Dutch and Spanish merchants continued doing business, diplomats maintained relations and our countries gradually went from old enemies to European neighbours, partners and friends. Today thousands of Dutch people travel south every year, while Spaniards live, work and study here. What was once a relationship shaped by armies and dynasties is now so ordinary that most of us barely think about how remarkable that transformation is.
I also think our differences make the relationship more enjoyable.
The Dutch schedule dinner. The Spanish appear to regard our dinner time as a late lunch.
We like directness, planning and knowing approximately when something will end. Spain has taught generations of Dutch holidaymakers that an evening can simply continue until everybody decides it has finished.
But underneath those differences I recognise something familiar: attachment to family, region, local traditions and a strong sense that culture belongs to the people who inherited it.
That is why I want Spain to remain unmistakably Spanish.
I want Andalucía to feel different from Galicia, Catalonia different from Castilla, and a Spanish town to offer something that could never be recreated perfectly in Amsterdam. Europe becomes poorer when those differences disappear.
Our ancestors spent eighty years fighting over who would rule the Netherlands.
More than four centuries later, I can look south and feel no need to diminish Spain to celebrate Dutch independence. In fact, understanding what a formidable civilisation our ancestors were fighting makes our own history more interesting.
Spain helped shape us partly through friendship, partly through exchange and, admittedly, for quite a long time by trying to prevent us from leaving.
Families can be complicated like that.
But after centuries of shared European history, Spain doesn't feel distant to me.
It feels like one of those relatives with whom we once had an absolutely spectacular argument, eventually made peace, and somehow never stopped being connected.
La andaluza María Pérez se ha convertido en la primera persona de toda la historia de nuestro país en reunir simultáneamente los títulos de campeona olímpica, mundial y europea de atletismo. Es de familia obrera. Su padre era basurero y su madre empleada doméstica. Leyenda.
On August 12th, 2026, the Moon totally eclipsed the Sun and cast its shadow across Siberia, Greenland, Iceland, Spain, and Portugal. Today’s image features two total solar eclipses viewed from Zaragoza, Spain, one over the Cathedral-Basilica of Our Lady of the Pillar and the other reflecting in the Ebro River. For a few moments, Spain saw its first major total solar eclipse since 1905. Those witnessing totality may experience a chill in the air, the quieting of birds, the confused chirps of insects, and the shared awe of many. It’s the corona’s time to shine as the Sun’s bright disk is blocked by the Moon. Among other reasons to study eclipses, they help scientists understand why the corona is millions of degrees hotter than the Sun’s surface. Enthusiastic citizens can contribute to these studies by recording how wildlife responds, imaging the corona, and monitoring air temperature and clouds.
Image Credit & Copyright: Ruiyu Zhang Text: Keighley Rockcliffe (NASA GSFC, UMBC CSST, CRESST II)
Si yo fuese narcotraficante, organizaría una avalancha imparable de 60 mil personas, cada una con 500 gramos de droga y la promesa de que les pagarán en Ceuta en cuanto entregue la mercancía, y al día siguiente habría colado 30 toneladas de droga en la unión europea.
@IdafeMartin Yo creo que ha habido un factor de suerte en la desactivación de esta emergencia. Los comercios de Ceuta, al cerrar por miedo, dejaron sin suministros ni servicios a esas miles de personas y rápidamente cundió el desánimo y las ganas de volver. No estaba previsto ni coordinado
🇪🇬 ▪️ El juez miró al hombre que había disparado contra el presidente egipcio Anwar el-Sadat y le preguntó con calma:
—¿Por qué lo mataste?
— Porque era seglar, respondió el asesino.
El juez frunció el ceño.
— ¿Qué significa “seglar”?
El hombre dudó un segundo.
— No lo sé.
…….
▪️ En otro juicio, el acusado había intentado asesinar al escritor Naguib Mahfouz.
— ¿Por qué lo apuñalaste?
—preguntó el juez.
— Porque escribió una novela contra la religión.
—¿La leíste?
— No.
…….
▪️ En una tercera sala, otro hombre enfrentaba cargos por asesinar al intelectual Farag Fouda.
—¿Por qué lo mataste?
— Porque no tenía fe.
—¿Cómo lo sabes?
— Está en sus libros.
— ¿En cuál?
Silencio.
— No lo sé. No los he leído.
— ¿Por qué no los leíste?
El hombre bajó la cabeza.
— No sé leer ni escribir.
…….
▫️ En los tres casos, el patrón era el mismo.
-Se mataba por ideas que no se entendían.
-Se condenaba por palabras que no se habían leído.
-Se odiaba por conceptos que no se sabían definir.
No era convicción. Era repetición.
No era fe. Era eco.
No era certeza. Era obediencia ciega.
La violencia no nació del pensamiento. Nació de la ausencia de él.
El odio no se propaga a través del conocimiento. Se propaga donde el conocimiento no llega. Y cada vez que una sociedad renuncia a educar no crea ignorantes, crea armas humanas que no saben por qué disparan, pero están dispuestas a hacerlo. Ese es el precio invisible de la ignorancia. Y siempre lo paga alguien que no hizo nada para merecerlo.
…….
Alaa Al Aswany
Escritor egipcio
🏀 La chaqueta del gigante Aday Mara
🇪🇸 El pañuelo de su tierra, Zaragoza
🖊️ Los nombres de las 250 personas que le ayudaron a llegar hasta el draft de la NBA
📽️ @NBAspain
📻 #PartidazoCOPE
Se viene rollo filosófico, aviso ;)
Llevo casi 30 años en el mundo tech. He cofundado empresas, gestionado equipos, invertido en startups, construido productos desde cero. Y hay algo que me está pasando con la IA que me cuesta describir con una sola palabra. Así que voy a intentar describirlo con varias.
La primera reacción, al menos en mi caso, cuando empiezas a usar estas herramientas de verdad, es una mezcla rara. Euforia. Miedo. Y sobre todo vértigo.
Ver que algo en lo que eras bueno, algo que te costó años construir, se convierte en commodity de golpe tiene mucho de desconcertante. Años construyendo una empresa, con patentes y con una tecnología que creías era una barrera de entrada y tu principal valor... y que de repente desaparece. No te lo esperas. Y aunque intelectualmente puedes entenderlo, vivirlo es otra cosa.
Pero ese miedo pasa. Al menos a mí me ha pasado.
Lo que viene después es energía. Proyectos que antes no intentaba porque el coste era demasiado alto, ahora los puedo arrancar en una tarde. Cosas que requerían un equipo, las puedo explorar solo pese a llevar años sin programar y alejado de la parte técnica.
Nuevas oportunidades.
De repente, para muchas cosas no dependo del equipo técnico de mi empresa. Y eso es por una parte reconfortante, pero por otra inquietante.
El techo no ha bajado... es que ha desaparecido. Y eso tiene algo de adictivo, de "joder, ¿por qué no estaba haciendo esto antes?".
Y aquí entra algo que creo que mucha gente no está considerando: la paradoja de Jevons.
En el siglo XIX, cuando se inventaron máquinas de vapor más eficientes, todo el mundo asumió que se consumiría menos carbón. Ocurrió exactamente lo contrario. La eficiencia hizo que usar carbón fuera más barato, así que se usó para más cosas, en más sitios, por más gente. El consumo total se disparó.
Con la IA va a pasar lo mismo. No vamos a escribir menos software porque la IA lo haga más rápido. Vamos a escribir muchísimo más, en muchos más sitios, para muchos más problemas que antes ni siquiera intentábamos resolver porque el coste era prohibitivo. La demanda de inteligencia no se reduce cuando se abarata. Se expande.
Hay un estudio de Berkeley en HBR (https://t.co/sRjR7sWszs) que lo confirma de forma bastante incómoda.
Investigadores de Haas School of Business pasaron 8 meses dentro de una empresa de 200 personas observando qué pasa cuando das herramientas de IA a todo el mundo y dices "adelante". Lo que encontraron contradice todo lo que nos han vendido: los empleados trabajaron más rápido, asumieron más tareas y extendieron su jornada. Nadie se lo pidió. Lo hicieron solos porque la IA hacía que "hacer más" se sintiese posible.
Un empleado lo resumió mejor que cualquier paper: "Pensabas que ahorrarías tiempo y trabajarías menos. Pero no trabajas menos"
El 77% de los empleados que usaban IA en otro estudio decían que les había aumentado la carga de trabajo.
La IA no te devuelve tiempo. Expande el perímetro de lo que sientes que deberías estar haciendo.
Y luego está el estudio del MIT (https://t.co/7rZqK7Pi8W) , que me parece el más incómodo de todos.
Pusieron a 54 personas con electrodos en la cabeza mientras usaban ChatGPT para escribir. Los que usaron IA mostraron un 47% menos de conectividad neuronal durante la tarea. El cerebro no trabajaba menos duro. Directamente se apagaba en las zonas vinculadas al pensamiento crítico y la creatividad.
Pero el dato que más me impactó es otro: el 83% de los usuarios de IA no podían citar ni una frase del ensayo que acababan de escribir. Porque nunca fue realmente suyo.
Y cuando al final de la prueba les quitaron la herramienta, el cerebro no se recuperó. Los patrones de desconexión persistieron.
Los investigadores lo llaman "deuda cognitiva". La misma lógica que la deuda técnica en software: cada atajo de hoy acumula intereses que pagas mañana en forma de menor capacidad para pensar de forma independiente.
El problema no es que la IA te haga menos inteligente. Es que tu cerebro optimiza para el entorno que le das. Y si dejas de ejercitar las partes difíciles del pensamiento, esas partes dejan de estar afiladas.
Pero entiendo perfectamente al otro lado también.
Hay un desarrollador que habló hace poco sobre algo que me impactó bastante.
Su tweet es este : I was a 10x engineer. Now I'm useless.
El video de 12 minutos merece la pena verlo (https://t.co/gLjCPrFfl3)
Describe haber construido un producto completo con IA, que funciona, que la gente usa, que genera ingresos... y al que no tiene ningún vínculo emocional. Porque no sufrió para hacerlo. Y lo describía como fabricar hot dogs: el producto existe, cumple su función, pero tú no pusiste nada de ti.
Eso conecta con algo más profundo que no estamos discutiendo suficiente.
Antes aprendías construyendo. El sufrimiento del proceso era el mecanismo. Te ibas a dormir sin saber cómo resolver algo y te levantabas con la solución, y eso te cambiaba. Ahora puedes construir sin ese ciclo. Más output, sí. Pero menos crecimiento.
Y luego está la red de seguridad. Un desarrollador siempre podía tomarse un año sabático y volver a un trabajo mejor pagado. O dejar su empresa actual sin miedo a encontrar casi lo que quisiera al día siguiente y con mejores condiciones.
Ese colchón existía de verdad y organizaba la vida profesional de mucha gente. La pregunta que nadie quiere hacerse en voz alta es si eso sigue siendo así. Tengo mis dudas.
Y aquí viene lo más complicado: no hay término medio fácil. Una vez que empiezas a usar estas herramientas en serio, tu cerebro deja de querer volver al esfuerzo. No es que puedas reservarte lo difícil para ti y delegar lo aburrido. Es todo o nada.
La energía nueva es real. Y la pérdida también es real. El error está en intentar resolver esa tensión demasiado rápido, en elegir un bando antes de haberlo vivido de verdad.
Lo que sí tengo claro, después de verlo en primera persona, es que la línea divisoria no es generacional.
He visto veteranos de 20 años sacarle un partido tremendo a estas herramientas. Y recién llegados que las tratan como una abstracción filosófica en lugar de algo que puedes usar hoy mismo.
La edad no predice nada. Lo que predice es la disposición. Si corres hacia el cambio o lo miras desde la barrera esperando a que alguien te explique si es seguro cruzar.
Nadie sabe exactamente adónde va esto. Y desconfío de los que dicen que sí lo saben, en cualquiera de los dos sentidos.
Lo que sí sé es que quiero estar en el grupo que corre hacia ello. Con la incomodidad incluida. Con la pérdida incluida. Con las preguntas sin respuesta incluidas.
Porque la alternativa es quedarse parado. Y eso, con o sin IA, nunca ha funcionado.